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18 de OCTUBRE de 2009
BINIZA (Voces al viento, en zapoteco): Descanse en paz, el cura guerrillero de ideas y de fe
CAÑA AMARGA? MUERE EL PADRE CARLOS BONILLA MACHORRO
+ LEGENDARIO CURA GUERRILLERO AL QUE LOS CAÑEROS Y OBREROS DEL PAÍS LE DEBEN MUCHO
El martes 9 de enero de 1973, tropas del Ejército Mexicano entraron al entonces Pueblo de Carlos A. Carrillo, que era municipio de Cosamaloapan, Veracruz.
Iban con órdenes de detener al cura del lugar, Carlos Bonilla Machorro, presbítero de formación poco conservadora, seguidor de la Teología de la Liberación que en esos tiempos lideraba en México el Obispo de Cuernavaca, Sergio Méndez Arceo.
Los proveedores de caña, habían realizado un paro de labores, exigiendo entre otras cosas, un precio de garantía a su caña, que los camiones entraran directamente al batey a descargar, para pagar así solamente el flete de la caña del corte hasta el ingenio (antes de eso, el camión descargaba en unas góndolas, que iban al batey, ese trasbordo lo descontaba el ingenio como un “doble flete” a los productores), además exigían un avío de $100 por hectárea de caña como adelanto por parte de la empresa.
Los campesinos, con casas de campaña improvisadas, organizados en grupos de huelga, junto con los obreros, estaban creando un “mal precedente” para la industria azucarera nacional, lo que estaba provocando que los industriales de todo el país, exigieran al entonces presidente Luis Echeverría Álvarez, detener el conflicto, porque “luego todos los demás cañeros del país, van a querer pedir lo mismo”.
Al tiempo que la gente de Carlos A. Carrillo hacía la huelga, el legendario Roque Spinoso Foglia, fundador de la Unión Nacional de Productores de Caña de Azúcar -hoy UNPCA-CNC-, había sido apresado junto con su comité ejecutivo, y encerrado en las mazmorras de Xalapa, luego de que les sabían engañado las partes gubernamentales para realizar un supuesto diálogo en esa ciudad, hasta donde llegaron los Agentes de la Policía de Servicios Especiales, a detenerlos.
Sin líderes, el gobierno federal y el estatal, creyeron que el conflicto se acabaría, siendo aplaudida esta acción por el mismo Alfredo Vladimir Bonfil, dirigente nacional de la Confederación Nacional Campesina (CNC), que era en verdad un títere del gobierno, para contener los rescoldos del sentimiento campesino revolucionario de 1910.
Fue entonces que le gente acudió a el curato de Carlos A. Carrillo, a pedirle a el presbítero Carlos Bonilla Machorro, tomara el estandarte, porque no había otro líder que les diera confianza en defender la lucha.
Ese martes 9 de enero de 1973, ésa misma gente llegó asustada, al curato con todo tipo de vestimentas, para tratar de convencer a Bonilla Machorro de huir vestido de mujer, o de anciano, o de lo que fuera “porque vienen por usted, hay orden de aprehensión, Padre”.
No obstante, el prelado siguió al frente del conflicto, le tocó ver desde el campanario, cómo los soldados entraron a tirar el campamento de cientos o miles de cañeros, apoyados por grupos de cañeros y obreros oficialistas. A través de corres humanos convenció a los paristas a no caer en provocaciones del ejército.
Los obreros tenían listas “plumas” cargadas de toneladas de caña, para dejarlas caer encima de los soldados, igualmente tenían las mangueras de vapor seco, listas hacia las puertas para quemar a soldados y federales que osaran entrar al ingenio más grande del mundo.
Los cañeros estaban armados con palos, piedras, resorteras y armas. Solamente esperaban la señal del prelado. Misma que nunca llegó en ése sentido sino al contrario, él pedía que no cayeran en provocaciones, que había que tener calma.
Lucio Cabañas Barrientos, el jefe guerrillero del Partido de los Pobres, de Guerrero, había llegado con 100 de sus mejores hombres, entrenados para matar soldados. Igualmente Genaro Vázquez Rojas, del Movimiento Cívico de Guerrero, había mandado apoyo, aunque el prelado les había pedido que no, porque “el era guerrillero de ideas y de fe, no de armas”.
Igualmente estudiantes de todo el país, habían mandado emisarios mostrando apoyo solidario, listos para unirse a un movimiento nacional. Habían pasado solamente 4 años de la masacre del 2 de octubre de 1968, en Taltelolco y un año apenas de la masacre del “Jueves de Corpus”, a manos de Los Halcones (de estos mercenarios Halcones, igualmente llegaron unas docenas de ellos, para enfrentar a estudiantes que habían llegado a la zona a apoyar a los campesinos, de ése tamaño las cosas). Los empresarios azucareros presionaban a la cúpula clerical para cambiar de iglesia al “cura mitotero” o para retirarle de su sacerdocio.
Aún así, con la tolerancia mostrada por el Padre, los soldados habían obligando a trabajar a los obreros a punta de bayoneta, mientras que la CNC oficialista hacía ver a Bonilla Machorro como un agitador, a través de las noticias del “Canal 2”, donde la prensa estaba siendo sometida por la censura, las estaciones de radio del puerto de Veracruz, los diarios nacionales y estatales satanizaban a los paristas, recuerda en sus memorias Bonilla, en su libro “Caña Amarga, Ingenio San Cristóbal 1972-73”. En el mismo, cuenta que Lucio Cabañas vio oportunidad de realizar secuestros de gente rica, en Veracruz, para su movimiento, mientras estaba en la zona, pero el cura le prohibió hacerlo, para no distorsionar la lucha.
Años más tarde, Lucio Cabañas secuestraría al cacique guerrerense Rubén Figueroa, por lo que las autoridades federales pedirían a Bonilla Machorro, como amigo de Cabañas a intermediar para lograr el rescate, por lo que se prestó a dialogar con la guerrilla. Pero cuando se logró liberar a Figueroa, el gobierno federal y el mismo cacique, traicionando a Cabañas y Bonilla, realizaron la más cruel de las represiones en Guerrero, levantando gente de toda la sierra, de todas las edades, mujeres y hombres, a fin de que delataran la ubicación del profesor Lucio Cabañas, ejecutándolo, junto con sus hombres.
Pero, en cuanto a Cosamaloapan, finalmente se ganó, por parte de los campesinos, en el ingenio más Grande del Mundo, El San Cristóbal, donde surgiría años más tarde el primer sindicato Independiente de la historia azucarera, rescoldo de movimientos de aquellos tiempos.
Gracias a Carlos Bonilla Machorro, sin derramar sangre, el movimiento cañero no fue aniquilado, Roque Spinoso y su gente fueron liberados, el movimiento ganó mucho, aunque a la postre Roque Spinoso sería asesinado en una emboscada nunca aclarada por las autoridades y los nuevos líderes subsecuentes cañeros nacionales y locales, darían al traste con toda la lucha realizada, creando el fenómeno de “cañeros pobres, pobres, y líderes ricos, ricos”.
Bonilla le diría a este reportero, durante una entrevista realizada el 26 de noviembre del 2007, que, luego del conflicto, se presentó ante el Obispo Sergio Méndez Arceo, a “rendirle cuentas”: cuando fui a reportarme con él, apenado le dije que “señor, me apegué a las escrituras, quise ser voz de los que no tiene voz”, él se me quedó mirando fijamente y me respondió “no, no fuiste voz de los que no tiene voz, fuiste un grito de los que no tenían voz”.
A Carlos Bonilla Machorro y a esos líderes legendarios, de buena fe, se les debe que la caña tenga precio por rendimiento y precio de referencia, para evitar abusos por parte de los industriales, que no ven como un socio al cañero, sino como un empleado.
Hoy descansa en paz Carlos Bonilla Machorro, el Cura Guerrillero, uno de los últimos Teólogos de la Liberación, satanizado por sus mismos compañeros clérigos de derecha, que lograron retirarle al fin su sacerdocio desde hace 12 años, acusándolo de tener mujer e hijos, pasa a la historia, junto con Zapata, Rubén Jaramillo, Villa, Flores Magón, y muchos otros, por haber puesto su vida y obra y TESTIMONIO DE VIDA, en pos de la justicia en el campo mexicano.
MUERE UNA LEYENDA: EL CURA GUERRILLERO BONILLA MACHORRO
ÁNGEL GABRIEL FERNÁNDEZ / Acayucan, Ver.- Lo conocí en Carlos A. Carrillo. Un amigo me lo enseñó: ese es el famoso padre Bonilla Machorro.
Ya sin sotana, con un morral al hombro, bajándose de una camioneta, el padre Bonilla Machorro iba a realizar sus compras.
Era todo un personaje en Carlos A. Carrillo. Tenía sus centros naturistas y nadie en el pueblo se callaba para comentar que “el sacerdote tenía mujer e hijos”.
Este es otro de los relatos acerca del famoso sacerdote veracruzano, nacido en Perote, pero cuyo nombre resonó a nivel nacional a inicios de la década de los 70′ del siglo pasado.
Carlos Bonilla Machorro no era de los que besan do la cruz y dándose golpes de pecho se inclinaban para orar por sus ovejas descarriadas. No, era sacerdote de acción. Bonilla Machorro, en el nombre de Dios y de la Teología de la Liberación, arengaba desde el púlpito, avanzaba al frente de sus vecinos y se enfrentaba a los soldados. Era seguidor de la espada de Samuel, pero también del sufrimiento de Job.
Este sábado, el padre Bonilla Machorro entregó su alma al Creador. Polvo era?pero dejó huella en todo México y en Veracruz.
GUERRA EN EL PARAÍSO?
En el libro “Guerra en el Paraíso” del escritor Carlos Montemayor, hay varios capítulos dedicados al sacerdote Bonilla Machorro.
Bonilla Machorro era el enlace entre la guerrilla de Lucio Cabañas Barrientos y el gobierno tras el secuestro del cacique político Rubén Figueroa, perpetrado en el estado de Guerra. (De allá, del Estado de Guerrero, de donde un viejito solitario para vengar a sus hijos salió a buscar pistoleros, según los Cadetes de Linares).
Un día, el guerrillero Lucio Cabañas salió de las montañas guerrerenses. Llegó a una Iglesia en la comunidad Carlos A. Carillo del municipio de Cosamaloapan en el estado de Veracruz; iba buscando a un sacerdote que dicen que apoyaba su causa.
Lucio Cabañas entró a la iglesia, disfrazado, y por detrás le habló al sacerdote. Aún no lo conocía. “Vengo de las montañas de Guerrero”, le dijo al sacerdote. El sacerdote preguntó: ¿conoces a Lucio Cabañas?. Aquél le contestó: “Yo soy Lucio Cabañas”.
“Guerra en el Paraíso” cuenta también que en aquellos turbios días de 1973, en la misma comunidad Carlos A. Carrillo, el gobierno intentaba reprimir a cientos de cañeros que se inconformaban ante el ingenio “San Cristóbal”.
La tropa avanzaba hacia la gente; le gente, tomada de la mano, resistía. Al frente del movimiento iba un cura: Carlos Bonilla Machorro.
El sacerdote había llegado a esa comunidad en 1966; en 1973 defendió a los cañeros y a inicios de los 90’s, fue pieza clave para que Carlos A. Carrillo fuera declarado municipio libre, independizándose de Cosamaloapan.
También hizo un movimiento dea protesta contra el cacicazgo de un líder cañero de la zona sur, muy conocido en esta región: Isidro Pulido Reyes, de Hueyapan de Ocampo. Eso fue en 1992.
AMAOS LOS UNOS A LAS OTRAS?
Carlos Bonilla Machorro fue genio y figura, hasta días antes de que le dieran sepultura.
Cuando era sacerdote de Carlos A. Carrillo -según consta en versiones periodísticas-era acosado por el Obispo José Guadalupe Padilla y Lozano, por estar casado y tener hijos.
Un día el padre Machorro estalló y dijo:
-“Si me siguen acosando, denunciará a todos los curas que son gays y a lols que tienen varias mujeres?”.
Así era Bonilla Machorro.
HOMBRE DE LETRAS?
Todos sabían que simpatizaba con los movimientos guerrilleros, que profesaba la Teología de la Liberación, que encabezaba movimientos sociales?pero nadie le vio empuñar una pistola o un fusil. En sus manos traía un rosario y La Biblia.
Carlos Bonilla Machorro escribió varios libros:
“Caña Amarga”, donde relataba las luchas de los cañeros de la zona de Cosamaloapan. “Oficio de Guerrillero”, donde habla de la guerrilla de Lucio Cabañas Barrientos. “El Diablo, mi Párroco”, habla de sus vicisitudes como sacerdote. Y “Roque”, en honor al dirigente cañero veracruzano Roque Spinoso Foglia, quien fue asesinado.
EL “MOISÉS” DE LOS CORRIDOS?
Carlos Bonilla Machorro la hizo de Moisés frente a su pueblo. Guió a su gente hacia la libertad.
Quizá no tuvo que matar como el personaje bíblico, pero dio la cara y le decían guerrillero.
Sus acciones ahí quedan: tanto en el estado de Guerrero como en Carlos A. Carrillo, Veracruz.
Ahí van a quedar sus libros, sus mujeres y sus hijos.
También queda su nombre en un corrido de un grupo musical de Teloloapan, Guerrero, donde cantan al guerrillero y al sacerdote.


