Pasillos del Poder
César Augusto Vázquez Chagoya
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6 de OCTUBRE de 2009
REVIVE LA “GASTRITIS” DE ERNESTINA
El 25 de febrero del 2007, la anciana indígena Ernestina Ascencio Rosario, de 73 años de edad, es encontrada por unos campesinos tirada y sangrando, por lo que avisaron a sus familiares y a una hija. Grave y sangrando de sus partes nobles, en nahuatl señaló la anciana que había sido atacada por soldados que tenían una semana asentados en Tetlatzinga, en el municipio de Soledad Atzompa, allá en la sierra de Zongolica, en el centro del estado de Veracruz.
Doña Ernestina fue trasladada de urgencia al hospital de Río Blanco donde falleció cerca de la 7 de la mañana del día 26. Empezaba una historia de injusticia y la impunidad militar que no sólo se da en la violaciones constantes a indígenas, sino que ahora se extiende en la lucha en contra del narcotráfico.
Ante la denuncia pública del ayuntamiento de Soledad Atzompa y su asesor Julio Atenco Vidal, los medios estatales y nacionales le dieron más vuelo a la información que llegó a nivel internacional.
En un acto para proteger a los militares, el Presidente de la República Felipe Calderón Hinojosa manifestó que la indígena había muerto de “gastritis”.
La estancia de los soldados en esta parte de la sierra de Zongolica, es debido a que en Soledad Atzompa primordialmente se dedican a fabricar muebles de madera, pero nadie les da permiso –o les daban– para cortar los árboles, ni los dejan trabajar.
Es un pueblo que tiene una economía mejor que el resto de los poblados vecinos, ya que tienen camionetas que andan por toda la república vendiendo los muebles que los trasladan ya cortados y se arman en el lugar en donde van a vender. En principio, el Ejército cooperó para castigar a los culpables, pero después de la declaración presidencial, cerró todas sus puertas.
Cuando se dio a conocer la muerte de Ernestina, las comunidades indígenas cercaron a la brigada militar y ese día tuvo que ir el gobernador Fidel Herrera Beltrán para hablar con los lugareños para que los dejaran salir y les prometió justicia, pero ésta no llego; aunque intervino la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, el peso militar fue avasallante y la Procuraduría de Justicia de Veracruz confirmó que la indígena había muerto de manera natural de “parasitosis”.
Con sólo tres meses de investigación se cerró el caso. Organizaciones civiles se quejaron ante organismos internacionales, quienes hicieron recomendaciones a los gobiernos federal y estatal, pero nadie contesta. Los políticos de la sierra de Zongolica se dividieron. Un alcalde llegó a decir que las indígenas se les “insinuaban” a los soldados. Otros se sumaron a la indignación que no cesa.
La familia de Doña Ernestina Ascencio Rosario se negó hablar con la prensa, pero la condición económica de ellos cambió radicalmente. Hoy se anunció que el caso de Doña Ernestina llegará a la Suprema Corte de Justicia, ya que particulares piden que se dé a conocer el expediente del caso de la indígena y tanto la Procuraduría General de Justicia de Veracruz, como el Instituto Veracruzano de Acceso a la información, sólo dan a conocer lo que públicamente se conoce.
El caso de Doña Ernestina llega a la Suprema Corte de Justicia porque los afectados recurrieron al amparo y lo consiguieron, por lo que una sala de la SCJ decidirá si procede o no que la Procuraduría de Veracruz dé a conocer la investigación ministerial del caso.
Doña Ernestina revive. Basta de tanta impunidad y el fuero militar que le pueden hacer a un civil lo que quieran; ellos mismos se hacen justicia y no pueden ser juzgados por la autoridad judicial civil.


