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*Cuidado con la firma de cartas compromisos
*Dirigentes expuestos a recibir jugosos ofrecimientos

Sin duda el proceso de selección de los aspirantes a una presidencia municipal, es uno de los más desgastantes para los partidos políticos, sobre todo para los partidos mayormente representativos o con más arraigo entre la población.
La búsqueda de una candidatura conlleva muchísimo tiempo invertido, reuniones privadas entre el aspirante y sus seguidores, primeramente para sopesar las posibilidades de triunfo y posteriormente para buscar el registro por equis Instituto Político.
Pero se da el caso que algunos partidos políticos ofrecen la candidatura a ciudadanos que no son militantes, pero que tienen arraigo entre la población y por ende posibilidades de triunfo.
Precisamente en este punto es donde hay que tener cuidado, porque para nadie es un secreto que en ocasiones el Instituto Político, para «amarrar» al aspirante, le hace firmar una carta compromiso, donde el aspirante se compromete con el partido y el partido a hacerlo candidato.
Pero en municipios donde existen cacicazgos, al cacique no le conviene que una persona que no es de su equipo político tenga la posibilidad de alcanzar el triunfo y para ello se vale de mil artimañas para arrebatarle la candidatura.
Y lo más común es mandar a uno de sus cercanos a buscar a como dé lugar la candidatura por el partido que ya firmó una carta compromiso con el enemigo del cacique.
Y sí, usted mi estimado lector, ya lo adivino, llega el enviado del cacique con una jugosa suma de dinero y la pone en la mesa del dirigente Estatal, obviamente y simple y llanamente y de manera amable le pide lo haga candidato.
Y el dirigente acepta, Pues no va a dejar pasar la oportunidad de ganarse una buena cantidad de billetes.
Y así de fácil se olvida de la carta compromiso firmada con un aspirante que sin duda representaba el Triunfo para el partido.
Peeeeerooooo, cuidado..
Porque el aspirante sin importarle la inversión ya realizada, dice bueno, entonces yo y mis seguidores primeramente nos manifestaremos en las oficinas del partido y ahí mismo, anunciaremos nuestro apoyo a otras siglas partidistas.
Y por la ambición de un dirigente el partido queda en el olvido, pero sobre todo sin representación ante la ciudadanía.
Cuidado la ambición es mala consejera y más en estos momentos de incertidumbre en que inicia la oferta y la demanda por una candidatura, cuando se empieza a incrementar el interés de los participantes, caen en tentación los dirigentes por jugosos ofrecimientos.

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