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 *Del Jueves de Corpus se sabe muy poco.

*El proyecto era crear egresados de universidad, sin grandes conocimientos.

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Hugo Morales alejo

 *Caña Amarga
Platicando en el café con Pablo Reyes, ideólogo de izquierda, de los que pocos que quedan, tocamos el tema del «Halconazo» y le digo que se sabe mucho menos que la masacre del 2 de octubre de 1968.

Del 2 de Octubre se ha escrito mucho, empezando por La noche de Tlatelolco que está firmado por Elena Poniatowska, pero que algunas lenguas dicen que era trabajo de otros camaradas y que ella se adjudicó. Se han hecho documentales, se ha investigado y llegado a culpables, hasta en Netflix sacan a Echeverría y Gutiérrez Barrios como artífices de la masacre de la Plaza de las 3 Culturas. Pero del Halconazo se sabe demasiado poco y es un tema que a un servidor le ha gustado perseguir. Poca gente sabe que inició con el «Proyecto Columbus», un proyecto que ordenaba a México una Reforma Educativa, donde los maestros no fueran normalistas sino que primero entraran a dar clases y después estudiaran en clases de verano, pues los maestros normalistas siempre han sido una calamidad para el sistema capitalista. Igualmente ordenaba cambiar los planes de estudio y bajar la calidad educativa. No querían más estudiantes pensantes que hicieran temblar al sistema, las escuelas normales tenían que desaparecer y entrar profesores tecnócratas, que tuvieran una profesión pero sin haber sido normalistas. Esto molestó a los profesores normalistas que alzaron la voz a tal grado que se revivieron los sentimientos de 3 años antes, con la matanza de Tlatelolco y comenzaron a organizarse para marchas y protestas. Paralelamente el gobierno, que sabía que la matanza del 68 culpaba al Ejército, cuyos mandos no estarían dispuestos a mancharse de sangre otra vez, pues ya habían sido engañados por Echeverría cuando era Secretario de Gobierno y ahora era el Presidente. Entonces recurrieron a formar  jóvenes militarizados, apoyados por la Dirección Federal de Seguridad (DFS), una especie de Gestapo mexicana que tenía licencia para desaparecer enemigos políticos y líderes sociales, lo que sería llamado décadas después «la guerra sucia», la DFS era asesorada por la Central de Inteligencia Americana (CIA). A los halcones los entrenaron en artes marciales, manejo de kendo y orden disperso militar.  Cobraban en el departamento de Limpia Pública del Departamento del Distrito Federal (DDF, hoy CdMx), la Ciudad de México no tenía derecho a votar por sus gobernantes, el Regente Capitalino era impuesto por el Presidente en turno y solamente entregaba cuenta a su superior. Los halcones fueron adoctrinados como gorilas, «Salvar Patria, Salvar Patria, Salvar Patria» repetian una y otra vez en sus entrenamientos. Eran de origen humilde, sin estudios. La Película Roma da un ligero asomo, tenue, sutil de lo que fue El jueves de Corpus. Los estudiantes normalistas, más organizados que los de 3 años antes en Tlatelolco, frenaron a los Halcones, los recibieron y los derrotaron una y otra vez, pero de repente grupos de hombres con armas largas comenzaron a disparar a los estudiantes y maestros.  Fue una masacre. El libro más cercano a los hechos, de  los que he leído es el de Agustín Ramos,  «Ahora que me Acuerdo», donde narra que los heridos llevados a hospitales cercanos fueron sacados de sus camas para llevarlos en vehículos y ser detenidos o desaparecidos. Finalmente el objetivo capitalista se realizó. La calidad educativa descendió a tal grado que un estudiante de preparatoria de hoy no se compara con un estudiante de primaria de los 60s. Los abuelos nos presumían que al salir de primaria sabían cosas que ya no venían en nuestros libros modernos. Hoy ponemos a leer en voz alta a un universitario y no será impecable su lectura. Escribir, ni se diga. Pensar, por ende, menos. Viene en próximas semanas la Consulta Ciudadana para enjuiciar a los expresidentes Salinas, Zedillo, Calderón, Fox y Peña Nieto. El criminal Echeverría aún vive, pero por la distancia del tiempo la librará. Sin embargo podríamos ponerle algo en esa consulta que sienta el rencor del país, el repudio de la historia.

 

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