Pasillos del Poder
César Augusto Vázquez Chagoya
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5 de OCTUBRE de 2009
HOMENAJE AL TOTONACAPAN
La versión más apegada es que la Comisión Nacional del Agua (CNA) no alertó que abriría las compuertas de sus presas en Puebla e Hidalgo. Otros le echaron la culpa a las ondas tropicales 34 y 35, pero el caso es que hace 10 años, el 5 de octubre de 1999, la región del Totonacan y parte de la Huasteca –al norte de la entidad– se vio arrasada por el agua.
La dimensión de la tragedia la resume el Diario de Xalapa con un trabajo extraordinario de Maria Elena Ferral, Carlos Cárcamo, José Morales y Jaime Rivera: 230 muertos, 59 desaparecidos, 79 mil damnificados, 10 ríos desbordados y afectados 83 municipios. Miles de hectáreas de cultivos echadas a perder e incomunicada esta región por tierra por los cortes de carreteras.
Ahí los números del Diario de Xalapa. Hace 10 años, sí llovió, por eso se tenía presente el peligro de que las presas se reventaran, por lo que se abrieron las compuertas y causaron un desastre mayor. Pero ese no fue el pecado, sino el hecho de no avisar a cientos de poblados que desaparecieron; en la desembocadura de la unión de los ríos de la región al mar, están las ciudades de Gutiérrez Zamora y Tecolutla: ésta última a punto de la desaparición total. Esta omisión de la CNA nunca se investigo y menos se castigó.
Los habitantes del Totonacapan merecen un homenaje, porque la tragedia trajo una enorme solidaridad entre los pueblos. Sólo como dato, entre las ciudades de Papantla y Gutiérrez Zamora, existe una rivalidad natural por competir por todo. Cuando se corta la carretera federal entre estos pueblos y otro tramo cerca de Costa Esmeralda, se impedía toda ayuda desde el norte y desde el sur a Gutiérrez Zamora y Tecolutla, que estaban sin agua ni alimentos.
Describo lo que mi amigo Lino Luna vivió. Este funcionario público tiene su casa en el cerro de Gutiérrez Zamora, donde el agua se llevó el malecón e inundó todo el centro de la ciudad, por los que los habitantes de esa parte de la ciudad se subieron también a compartir techo, agua y alimentos, pero estos empezaron a escasear. Los habitantes hacían comisiones para ir al tramo cortado hacia Papantla, donde estaba otra comisión de este ultimo poblado, para entregarles víveres y agua gratis. En esos momentos se querían: con la tragedia se terminaron agravios por el deporte o todos los que pudieran existir por la rivalidad.
Después de tres días sin recibir ayuda, escucharon que venía un helicóptero, por lo que todos con alegría le hacían señas. La esperanza se terminó cuando se bajó una persona, para preguntarles si no sabían de una pareja francesa que estaban hospedados en el hotel de Tecolutla y se fueron, con el compromiso de mandarles ayuda.
Lino describe que desde el cerro vieron pasar casas, animales e individuos muertos. Indescriptible, narra con tristeza, y también recuerda que las noticias sobre Tecolutla eran alarmantes. Se decía que había desaparecido con sus habitantes, pero afortunadamente la misma potente corriente del agua, abrió otro brazo de salida hacia el mar, lo que evitó que gran parte del centro desapareciera.
El periodista Carlos Cárcamo describe lo que le llamo “dantesco”. En Gutiérrez Zamora la gente llegó a comer carne de reses en estado de descomposición.
En la entidad había el escándalo porque el gobierno de Alemán había comprado helicópteros sin licitar: hasta ahí llegaron la críticas de los partidos de oposición. Por un lado se había violado la Ley de Adquisiciones, pero a la vez esos mismos aparatos salvaron infinidad de vidas que estaban en árboles o en los techos de las casas. Llevaron alimentos a comunidades aisladas. Lo que más se criticó en esa ocasión, es que al lugar de la tragedia llegó antes el presidente Ernesto Zedillo que el gobernador Miguel Alemán.
Habitantes de Papantla –especialmente nuestro amigo Sergio Rivera Nasser, de Coyutla– por medio del Internet daban a conocer al mundo de la tragedia. Sergio se daba cuenta porque precisamente Coyutla es la puerta a la sierra del Totonacapan, además pocos sabían en esa región de la importancia de la red mundial.
El desastre era tal en el Totonacapan, que pocos le dieron importancia a la tragedia en Poza Rica. Miles de ciudadanos perdieron todo por el caudal del río Cazones. Álamo estaba bajo el agua. Lo que se desconocía por completo era que el área rural de la zona sur estaba bajo el agua desde el mes de julio. Los habitantes de Zaragoza, Coacotla y Jáltipan hicieron un bloqueo llamando la atención de que ellos eran también veracruzanos.
La ayuda en el sur empezó a llegar y era lamentable la acusación en contra del alcalde de Minatitlán, Amado Guzmán García, de que vendía las despensas. Fue tal el enojo, que el Ejército tomo las riendas para apoyar a los damnificados.
A 10 años de la tragedia en el Totonacapan, se puede decir que la reconstrucción no ha terminado. Fueron meses en ese 1999, para que medio volvieran a la normalidad los servicios. Gracias a la tragedia, en el gobierno de Miguel Alemán se inician las fiestas de El Tajín en Papantla y el impulso a la zona hotelera de Costa Esmeralda en Tecolutla.
Homenaje a los pueblos del Totonacapan y parte de la Huasteca.


