Pasillos del Poder
César Augusto Vázquez Chagoya
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7 de OCTUBRE de 2009
¿VENCERÁ CALDERÓN A LOS “CHARROS”?
Vimos al secretario de Trabajo, Javier Lozano, berrinchudo, casi grosero en contra de la dirigencia que encabeza Martín Esparza, del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) y titular del contrato de la compañía propiedad del gobierno federal que surte energía en el valle de México y que desde la administración de Luís Echeverría se ha querido liquidar por lo caro que resulta su operatividad, metida en un mar de corrupción, y entre sus males el sindicato, que recibe sólo de cuotas 9 millones de pesos semanalmente.
El hecho que a Esparza no lo haya reconocido la Secretaría de Trabajo y los llamen “chantajistas” porque se van a movilizar en la capital del país, no resuelve el problema de fondo, pero sí le van a dar unas picaduras de hormigas al Presidente y a su equipo. Pero lo más interesante es que el gobierno federal se avienta este pleito en plena crisis económica y la popularidad del presidente a la baja.
Los grandes movimientos de los sindicatos “charros” han nacido en el Distrito Federal, menos la rebeldía de Joaquín Hernández Galicia, del sindicato petrolero en 1988, quien la realizo desde Ciudad Madero, Tamaulipas.
Los ferrocarrileros se empezaron a formar el 13 de enero de 1933. En el sexenio de Miguel Alemán Valdés ya encabezaban una manifestación en contra de la carestía. En 1948, tenían como líder a Jesús Díaz de León (a) “El Charro”. Ese año, el gobierno federal quería suprimir 12 mil plazas y cambiar el contrato colectivo de trabajo, a lo que se oponían los lideres Luís Gómez y Valentín Campa, quienes fueron a dar a la cárcel ante la complacencia de Díaz de León, por lo que nace el mote a los líderes obreros “charros”.
En 1958 hubo otro movimiento por salarios y democracia interna, y hubo numerosos ferrocarrileros encarcelados al igual que sus líderes Valentín Campa y Demetrio Vallejo. Era Presidente de la República Adolfo López Mateos y el fiscal-hierro Fernando López Arias. El secretario de Gobernación era Gustavo Díaz Ordaz.
El sindicato petrolero nace el 23 de agosto de 1935 y fueron pieza clave en la expropiación petrolera de 1938 por el presidente Lázaro Cárdenas. Eran los consentidos en ese régimen y en el del general Manuel Ávila Camacho, porque suplieron con rapidez la mano de obra y técnica de los extranjeros; pero entrando al poder Miguel Alemán, los obreros hicieron paros escalonados por ajustes que quería hacer la empresa y solicitaban nivelación de salarios. Fidel Velásquez, líder de la CTM, calificó los paros como “locos”, pidió cesar a los líderes petroleros y militarizar la industria petrolera.
En respuesta el sindicato petrolero desconoció a la CTM y el 19 de diciembre de 1946 hicieron un paro total. La empresa cesó a los líderes y a todos sus simpatizantes. El 13 de enero de 1947, el gobierno impuso como dirigente a Antonio Hernández Abrego y el sindicato regreso a la CTM, pero en diciembre de ese año, los trabajadores expulsaron a Hernández Abrego y se separan nuevamente de la CTM. El 10 de enero de 1948, el sindicato hace alianza con los ferrocarrileros y rechazaron el “charrismo”. Convocaron a formar la UGOCEM, pero la fuerza pública acaba con la convención y el gobierno impone como dirigente petrolero a Gustavo Roldán Vargas (a) “El Charro” y fin de la disidencia. Era presidente de la república Miguel Alemán; secretario de Gobernación Adolfo Ruiz Cortines; y secretario de Trabajo Adolfo López Mateos.
Como dato, en honor a los charros, uno de estos era el logotipo de Petróleos Mexicanos, reafirmando más la naturaleza sindicalista.
La rebelión del líder petrolero Joaquín Hernández Galicia desde Ciudad Madero, fue porque en 1988 apoyó la candidatura presidencial de Cuauhtemoc Cárdenas en contra del priísta Carlos Salinas de Gortari, por lo que el 10 de enero de 1989, en la casa de “La Quina” se le encontraron armas y mataron, según el gobierno, a un agente del Ministerio Público Federal. Don Joaquín fue a la cárcel y hoy vive jubilado en Ciudad Madero. Era Presidente de la República, Salinas de Gortari; secretario de Gobernación, Fernando Gutiérrez Barrios; y procurador general de la república Ignacio Morales Lechuga.
El Sindicato Mexicano de Electricistas es de las más viejas y poderosas organizaciones del país. Nace en 1914, es titular del contrato de la Compañía Luz y Fuerza que surte de energía eléctrica a la zona metropolitana del centro del país. Casi toda la república mexicana era medio surtida de luz por particulares, pero el presidente Adolfo López Mateos compró a todas estas pequeñas compañías el 27 de septiembre de 1960, por lo que nace la Comisión Federal de Electricidad. Aunque el presidente también compró la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, quedó intacto el contrato colectivo con el Sindicato Mexicano de Electricistas, que es distinto al sindicato nacional que tiene el contrato con la Comisión Federal de Electricidad.
¿Por qué se confronta el gobierno federal con este sindicato? ¿Por qué la Secretaría de Trabajo en vez de actuar como intermediario entre dos grupos sindicales, agarra partido y el principal atacante es Javier Lozano? El pecado del SME es estar apoyando al tabasqueño Andrés Manuel López Obrador desde su campaña presidencial y es uno de sus principales financiadores en sus recorridos como “presidente legítimo”.
En esta lucha que se inicia, ya afilan las uñas el Sindicato de Telefonistas y los sindicatos independientes del Distrito Federal, sin contar las organizaciones sociales de base que controla Marcelo Ebrard y López Obrador, así como el PRD.
El pleito que inicia el gobierno federal está mal planeado. Creen que poniendo a Pedro Ferriz de Con y a otros medios de comunicación, a hablar de la corrupción del sindicato, sus líderes van a huir.
Ya tenemos la experiencia de Vicente Fox, quien quiso acabar con el sindicato minero. Ni lo han acabado, ni metido a la cárcel a su líder Napoleón Gómez Urrutia, y la producción minera en estos momentos de crisis bajó un 26%, habiendo poblados mineros en extrema pobreza por las huelgas.
Cuando los gobiernos priístas se metieron con los poderosos sindicatos de los petroleros y ferrocarrileros, era un partido único. No había oposición, además que los políticos que manejaron esos conflictos eran de primera línea, atributos que no tienen ni Calderón, Lozano y menos Gómez Mont.
Se está de acuerdo en acabar con estos líderes, pero está mal la estrategia: sólo los arañan y se van a poner rabiosos para mal de la ciudadanía del Distrito Federal; sólo que al gobierno de Calderón se les ocurra meter a los soldados, haya muertos y adiós gobierno.
En este conflicto, ningún policía del Distrito Federal va actuar contra los trabajadores electricistas.
Pobre país. Otra vez va a perder el gobierno federal, al menos que den marcha atrás.


