REFLEXIÓN MATUTINA.
Tetraheroica Veracruz, el 6 de septiembre del 2009.
Luis Bolland Carrere era un vínculo con la alegría, con la magia, con el simbolismo y con lo auténtico de México; transmitía su orgullo por lo mexicano, por sus cosas, por sus tradiciones, por su gente, por sus imágenes, por sus ídolos y pirámides, por los olores y colores de un México que no existe ya, salvo a través de imágenes, ventanas en el tiempo de las anécdotas que quizás, podamos recordar.
PEREGRINO DE OJOS CLAROS.
POR: Edwin Corona y Cepeda.
Tomado del panegírico en
su homenaje luctuoso.
Con estas palabras su nieto, Valentín Fernández Bolland, dio fin a su discurso en el homenaje que familiares y amigos rindieron a tan distinguido veracruzano recordando lo que, a continuación, reproduzco:
“Viajar con Luis Bolland era viajar con la aventura; recuerdo que en Tizimín nos hicieron unos butaques (asientos de madera y cuero) grabados, en Las Coloradas vimos miles de flamencos cubrir el horizonte de carmín, en Villahermosa comimos tortuga en sangre y disfrutamos de la sombra de la ceiba; en Holbox venado asado, porque no hubo nada más para comer; en Ixtlahuaca chichicuilotes y camaleones, gusanos de maguey. En Frontera rescatamos un lábaro patrio abandonado; en Convoy abordamos un camaronero encallado; escalamos, caminamos, acampamos, viajamos en avión, en tren, en panga, en bicicleta, en carreta; en Valladolid el cacique nos llevó al Cenote Azul, sagrado, escondido y secreto; apagamos las luces de noche en lo más profundo de la selva y vimos cielos estrellados espléndidos, increíbles, Comimos tamales de 400 tipos, probamos todos los moles de Oaxaca, Puebla y Yucatán, subimos pirámides, sudamos juntos; fuimos a San Luis por queso de tuna; en su Xalapa que tanto amaba fuimos a El Lencero, en Xico a sus cascadas, en Coatepec comimos chiles rellenos y en Veracruz nadamos en sus playas y bailamos danzón en La Huaca, en Catemaco nos dieron una “limpia” y en Alvarado vimos partir a la “Mari Galante” en su viaje por los mares del mundo; en Xochimilco viajamos en trajinera con mariachis; recorrimos Michoacán, estuvimos en Janitzio, Angangueo y Jungapeo, pelamos pollo en Los Azufres, vimos las procesiones mágico – paganas de Semana Santa en Chichicastenango (Guatemala) con los suelos de las calles floreados, fuimos peregrinos bailando en Chalma, visitamos la Palafoxiana, recorrimos mercados, agarramos el tren para Aguascalientes, viajamos en El Jarocho, saboreamos mantecado y mondongo. En Real del Monte compartimos clases de amistad, de generosidad y de lealtad acompañados de la más sabrosa barbacoa; surcamos el Sumidero, escuchamos la marimba de Nandayapa en Chiapa de Corzo, liberamos los cabritos en Torreón, recorrimos el Océano y fuimos a Guerrero Negro, Las Salinas y tomamos pangas al grito de “al abordaje”, vimos ballenas, focas, orcas y cachalotes; discutimos y platicamos en sus desayunos sabatinos con la flor y nata de México; visitamos al inglés loco de Xilitla, vimos florear las cactáceas, aprendimos la paciencia del Bonsái … visitamos Tlacotalpan y comimos los “timiches”, en Catemaco carne de chango y en Soledad “chicatanas”. Atestiguamos la amistad viril, fraterna, solidaria, incondicional, completa; escuchamos sus aventuras, compartimos anécdotas. Comimos pitahayas; nos dimos banquetes y bebimos aguas frescas, de limón, de chía, de melón y de sandía y en todo esto, encontramos su amor.”
Mi abuelo – continúa Valentín – fue un personaje singular, un hombre de su tiempo, un gran rebelde, un gran amor.
Peregrino de ojos claros y semblante encantador.
Tal vez – como lo señala un viejo lobo marino – el tema del hundimiento de la Marina Mercante Mexicana lo estoy manejando con mucha ligereza y este debe ser tratado en un panel de expertos por ser cosa – él dixit – muy delicada, por lo que me recomienda que deje de meter mi cuchara en esta sopa y deponga la solución, discusión, análisis y propuestas sobre la Marina Mercante en manos de especialistas.
LA MARINA SE FUE A PIQUE.
POR: Edwin Corona y Cepeda.
Instructor Internacional de buceo.
Reconozco que le cabe toda la razón, y que mi poca, escasa o casi nula experiencia y preparación en esta materia no puede, ni debe compararse con la de expertos que en paneles abiertos y cerrados, en discusiones legislativas y parlamentarias, en conferencias magistrales y de prensa, voces de dirigentes sindicales, de capitanes, colegios de egresados, directores de escuelas náuticas y un sinfín de voceros más han llevado a la Marina Mercante nacional al deplorable estado en que se encuentra.
Todo ello es cierto y no es voz la mía para señalar los errores de diputados que, por vivir en Campeche, tener una lanchita de fibra de vidrio, esquiar en Tequesquitengo o viajar un domingo en chinampa xochimilquense, se les nombra, pomposamente, como Presidentes de la Comisión de Marina en el Congreso de la Unión o el Senado.
No, no es esa mi intención. Líbreme el Señor de semejante osadía. No. Lo que yo mencionó, tal vez equivocado por mi escasa experiencia en estos escabrosos asuntos, pero con base en documentación publicada de forma oficial por el propio Gobierno Mexicano, va con la firme intención de hacer conocer, no solo a los jóvenes estudiantes y padres de familia que les costean sus estudios, sino a todos los mexicanos, la deplorable condición en la que se encuentra nuestra Marina Mercante y que es lo único, en que según él y yo, coincidimos. Y tiene razón, yo no soy ningún “experto”, ni tengo la mala lactancia de los legisladores, que más se preocupan por la “leche de la Chata” que por la Marina Mercante Nacional.
Independientemente del tema tratado sobre los astilleros, que forman la columna vertebral en la elaboración de naves mercantes, del tipo que sean y su mantenimiento y reparación, vale la pena preguntarse si es válido que en las escuelas náuticas mercantes se carezca de navíos para la práctica de navegación, porque estos fueron vendidos, rematados y casi regalados por corruptos funcionarios a quienes les valió abuela (doble madre) el despojar a los estudiantes de las escuelas náuticas de tan preciados objetos. Claro está que, como contrapartida y para seguir chupando de la ubre, señalaron que ahora las prácticas de navegación, se harán en un “simulador con la más alta tecnología” ¡Si Chucha! Por eso hay tantos marinos dedicados al negocio de los tacos, ventas de zapatos por catalogo y mil diversos oficios, a cual más disímbolo, menos el de marino mercante. Y la vida de un marino, es navegar. Y para navegar, se necesitan barcos. Y no los hay. Ni uno.
Es como si en este momento me nominasen Director de una Escuela de Buceo por Correspondencia e hiciera que mis alumnos practiquen tan profunda actividad en las claras y transparentes aguas de la tina del baño de su casa. Al fin y al cabo, también la pueden habilitar como “simulador”. Y si se mueren al sumergirse en la mar, pues no es culpa mía. Pa´ que son güeyes.
Por otra parte y absolutamente como profano, o más bien neófito en este marítimo y santo asunto, como es posible que estuviésemos en mejores condiciones de cabotaje y altura en la época colonial, donde solo existían los astilleros de Campeche, Tlacotalpan y Veracruz en el Seno Mexicano y Acapulco y Zacatula en el Pacifíco, lo que le permitió decir a Carlos V que en sus dominios jamás se ponía el sol, al establecer durante tres siglos y medio la ruta marítima comercial más extensa del mundo. Y con marinos mercantes mexicanos. ¿O, no?
Más, no se trata de caer en el pasado y chillar como viejas lo que los “expertos” no supieron, ni han sabido defender como marinos. No se trata de fijar leyes, reglamentos o normas, ni de sancionar, decomisar, o “rescatar”. No.
Se trata de observar, tal vez con una gran ligereza y hasta en forma irreflexiva e irresponsable, la manera de reestructurar esa columna vertebral de la Marina Mercante nacional que son los astilleros y su flota.
¿Acaso es posible hacerlo?
Yo creo que si.
¿Como?
Sencillo.
Gran parte del personal técnico y de supervisión, aunque disperso y ocupado en otros oficios, aún subsiste y se puede lograr volverlo a juntar y aprovechar esa experiencia que está, en unos cuantos años más, próxima a extinguirse.
Es necesario, para ello, atraerlos mejorando su condición actual con buenos salarios y mejores perspectivas. No hay que olvidar que son gente madura, de edad. Enamorarlos, pues, en esta aventura que les fascinará, es la primera tarea.
Por lo que respecta a la mano de obra, esta también se ha dispersado. Sin embargo, don Oscar Camarero Figueroa y Vital Alzar nos han demostrado que adiestrando al personal adecuadamente se pueden lograr resultados sorprendentes, como en el caso de la Mari Galante y ahora el Zamná, construidos totalmente de madera en improvisado astillero de Alvarado. Y eso que oficialmente, ya se acabaron los carpinteros de ribera y ahora se les llama arquitectos navales.
Es reconocido internacionalmente y no solo en el negocio de la construcción naval, que el obrero mexicano, cuando esta bien entrenado, capacitado, dirigido acertadamente y motivado, es tan bueno como cualquier otro operario de cualquier otra latitud. Además, es ingenioso, diestro, receptivo y ocurrente.
Sus mayores problemas son: la impuntualidad y el Vía “Crudis” de san Lunes.
Hay que resolverlos bajo una acertada dirección.
Por otra parte, las condiciones operativas actuales, a nivel mundial, conducentes al plazo de entrega de cualquier tipo y tamaño de barco, traducido este en tiempos de respuesta a los armadores, son muy largos y pueden considerarse en términos de años, razón por la que se debe estudiar una línea de montaje de mayor rapidez y eficiencia. Esto y no bajar los costos y pedir comisiones gubernamentales, es lo que dará prestigio y solidez a esta industria naval.
La situación actual, para un inversionista audaz, le permite visualizar una enorme ventana de oportunidades para satisfacer las necesidades que las industrias pesqueras, petroleras (incluyo líneas de extracción y plataformas), turístico – recreativas y náuticas del país demandan a gritos, a pesar de los expertos que pierden el tiempo organizando paneles, conferencias, simposiums, normas, reglas y legislación. Para salvar a la Marina Mercante Nacional, queridos amigos, lo que se necesita son barcos. Y estos se fabrican en los astilleros.
Hasta un niño lo sabe.
¡QUE TENGAN UN BUEN DÍA!
El correo es: edwin_coronaII@hotmail.com
El teléfono es 01 (229) 932 – 71- 30.
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