REFLEXIÓN MATUTINA.
Tetraheroica Veracruz, el 27 de septiembre del 2009.
Los fuertes hacen lo que quieren y los débiles sufren como es menester.
Tucídides.- Filósofo griego.
Todo Estado poderoso descansa en teorías apologéticas, es decir en especialistas cuya tarea es demostrar que lo que hacen los fuertes es noble y justo y lo que sufren los débiles es por su culpa y a ello deben resignarse. Los principales “arquitectos” de esta situación son los representantes de las corporaciones religiosas, los comerciantes acaudalados, los fabricantes explotadores, las instituciones financieras y las empresas trasnacionales, quienes se aseguran que sus intereses sean servidos y protegidos por los políticos.
UNA REALIDAD LACERANTE.
POR: Edwin Corona y Cepeda
Esta realidad fue expuesta por el filósofo y analista político estadounidense Noam Chomsky al referirse en su Conferencia Magistral efectuada en la Sala Netzahualcoyotl de la Ciudad Universitaria a la entelequia mundial que prevalece de forma unipolar y de la que extraigo algunos interesantes conceptos vertidos sobre la ingenuidad o complicidad de los gobernantes mexicanos. Esta Conferencia fue transmitida en vivo por TV UNAM y 12 televisoras públicas y universitarias en todo el territorio nacional.
Ideas sorprendentes como la elección de Barck Obama que fue descrita como una mercancía de mercadotecnia tan exitosa que el año pasado mereció el primer lugar en campañas promocionales por parte de la industria publicitaria.
O la conjetura de que la invasión estadounidense a Panamá en 1989, misma que hoy apenas merece una pequeña nota a pie de página, fue la señal de que Washington iniciaba, a través de la ficción de una “guerra contra las drogas” una nueva etapa de dominación cuando apenas había caído el Muro de Berlín.
Otro dato importante lo constituye la “preocupación” manifestada en 1990 durante los trabajos del “Taller para el Desarrollo de Estrategias para América Latina” efectuado en el Pentágono donde se trató el tema de que “una eventual apertura democrática en México” podría desafiar a los Estados Unidos. La solución propuesta fue imponer un Tratado que lo atara de manos ante una eventual reforma del sistema político y la economía mexicanas. La propuesta se materializó en el Tratado de Libre Comercio para la América del Norte (TLCAN) que entró en vigor en 1994 durante el periodo presidencial de Carlos Salinas de Gortari.
La reseña de Chomsky durante las dos últimas décadas hasta el momento actual se centró, también en el proceso de militarización de América Latina con las nuevas bases (7) establecidas en Colombia y la reactivación de la IV Flota. Todo esto con el objetivo de aterrorizar a los países latinoamericanos que comienzan a liberarse de este yugo con gobiernos que desafían las directrices de Washington (Brasil, Ecuador, Venezuela, Chile, Bolivia, Argentina, Cuba, etc,) pero sobre todo con enormes movimientos populares de masas que en estos momentos adquiere enorme significación.
Ha tomado tiempo para los Estados Unidos el cumplir con los objetivos de la Doctrina Monroe: “América para los americanos” (pero del Norte). Por ejemplo, cuando Washington se preparaba para derrocar al gobierno de Salvador Allende, el Consejo Nacional de Seguridad puntualizó que si Estados Unidos no lograba someter a América Latina, no podría esperar “consolidar un orden en ninguna parte del mundo”, es decir, imponer su dominio sobre el planeta. La credibilidad de la Casa Blanca se vería socavada, tal y como lo expresó Henry Kissinger: “otros también pueden intentar salirse con la suya si el “virus” chileno no es destruido antes de que se disemine el “contagio”. Así fue que ocurrió el primer 11 de septiembre, cuando en 1973 fue borrado ese gobierno de la historia contemporánea de América, aunque, en términos de consecuencias este sobrepasó, por mucho a las víctimas del 11 de septiembre del 2001. ¿Coincidencia?
Unas semanas después de la caída del Muro de Berlín, Estados Unidos invadió Panamá. El propósito era secuestrar a un delincuente menor (El Presidente Noriega) que fue llevado a Florida y sentenciado por crímenes que había cometido mientras, paradójicamente, cobraba en la CIA. La invasión acarreó millares de víctimas pobres en Panamá y reinstauró el dominio de banqueros y narcotraficantes ligados a los Estados Unidos. Esta acción cambio el rumbo de la historia latinoamericana ya que dio pie al nuevo pretexto de intervención estadounidense: la amenaza de los narcotraficantes de origen latino que amenazan destruir a Estados Unidos.
La lección se aprendió como pretexto para la intervención, fue útil invocar una “guerra a las drogas” pero como excusa resulta estrecha. Se necesitaba otro de “más arrastre” que doblegase a cualquier gobernante y así, se declaró una “revolución normativa” que confería a Estados Unidos el derecho de intervención por “razones humanitarias” escogiendo esta definición por ser una noble razón en la que se sustenta la teoría de ineficacia como “Estado Fallido”. Y Pakistán y México fueron los elegidos.
En el caso especial de México, en el Taller de Estrategias celebrado en el Pentágono en 1990 (período presidencial de Carlos Salinas de Gortari) se encontró que las relaciones Estados Unidos – México eran “extraordinariamente positivas” y que no las había perturbado ni el robo de elecciones, ni la violencia de Estado, ni la tortura, ni el escandaloso trato dado a obreros y campesinos, ni otros detalles menores, como no habría de perturbar posteriormente el levantamiento de los indígenas chiapanecos, ni los asesinatos políticos entre los que destacan los de Colosio y Ruíz Massieu. Pero los participantes en este Taller vislumbraron una nube gris en el horizonte: la amenaza de una apertura a la democracia en México. a la cual temían, ya que, “podría poner en la presidencia a un gobierno más interesado en desafiar a los Estados Unidos sobre bases económicas y nacionalistas” El remedio fue el TLCAN cuyo contenido “encerrará al vecino en su interior”, proponiendo, a través del FMI las reformas económicas “que ataran de manos a los actuales y futuros gobiernos”. En resumen, el TLCAN fue impuesto por el Poder Ejecutivo Mexicano en oposición a la voluntad del pueblo mexicano.
Y al momento en que el TLCAN entraba en vigor, en 1994, se anunciaba por Bill Clinton la “Operación Guardián” que militarizó la frontera mexicana. Clinton, hipócritamente, lo explicó así: “no entregaremos nuestras fronteras a quienes desean explotar nuestra historia de compasión y justicia”.
La elección del tiempo para imponer la “Operación Guardián” no fue, de ninguna manera, accidental o arbitraria: los analistas anticiparon que abrir México a una avalancha de exportaciones agroindustriales altamente subsidiadas, tarde o temprano socavaría la agricultura mexicana, y que, las empresas mexicanas no aguantarían la competencia con las enormes corporaciones trasnacionales apoyadas por el Estado yanqui, que conforme al Tratado, deberían operar libremente en México. Una consecuencia probable.- vislumbraban- sería la huida de muchas personas a Estados Unidos, junto con quienes huyen de Centro América, arrasados por el terrorismo gringo y las precarias condiciones impuestas por la política de sus corruptos gobiernos.
Las actitudes populares hacia quienes huyen de estos gobiernos – conocidos como “ilegales” – son complejas. Prestan valiosos servicios en su calidad de mano de obra superbarata y fácilmente explotable. En Estados Unidos y muy especialmente en California, las agroempresas, la construcción y otras industrias descansan sustancialmente en ellos, y ellos contribuyen a la riqueza de las comunidades en las que residen (y contribuyen, con sus envíos, a ser la segunda entrada de divisa más importante del país) Por otra parte, despiertan, tradicionales sentimientos antimigrantes, persistente y extraño rasgo que arrastra una historia de vergonzoso trato hacia ellos. Sean cuales fueren la historia y las realidades económicas, los inmigrantes han sido, siempre, percibidos por los pobres, los trabajadores y los sindicatos yanquis como una amenaza a sus empleos, sus modos de vida y su subsistencia. Es importante tener en cuenta que la gente que hoy protesta con furia, incluso contra el mismo gobierno mexicano, ha recibido agravios reales. Es víctima de los programas de manejo financiero, de la economía mal dirigida, de la globalización esclavista, diseñada para transferir la producción hacia fuera y poner a los trabajadores a competir unos con otros a escala mundial bajando los salarios y las prestaciones, mientras se protege de las fuerzas del mercado a los profesionales con estudios.
Dentro de esta “globalización” se incluye el establecimiento de bases militares que se comienzan a extender ahora por América Latina. Estados Unidos ha sido expulsado de sus bases en Sudamérica. El caso más notorio es el de Mante en Ecuador. Pero recientemente logró arreglos con Colombia para establecer algunas bases militares y se supone que intenta mantener la Base de Palmerola en Honduras, misma que jugó un papel central en las guerras terroristas promovidas durante la administración de Ronald Reagan contra Nicaragua. La Cuarta Flota, desbandada en la primera década del Siglo XX ha sido reactivada en el 2008, poco después de la invasión colombiana a Ecuador. Su área operativa cubre: el Golfo de México, el Caribe y costas de Centro y Suramérica, así como las aguas circundantes e incluye entre sus “variadas operaciones” acciones contra el “tráfico ilícito, maniobras simuladas de cooperación en seguridad, interacciones ejército-ejército y entrenamiento bilateral y multilateral”. (si esto no es intervención a la soberanía, entonces, ¿Qué es?) Es entendible entonces el porque la reactivación de esta flota ha propagado protestas y preocupación de gobiernos como el de Brasil, Venezuela y otros.
La preocupación de los suramericanos se ha incrementado por un documento producido en abril del 2009 por el Comando de Movilidad Aérea (US Air Mobility Command) que propone que la Base de Palanquero en Colombia, se convierta en el “sitio de seguridad cooperativa” desde la cual “puedan ejecutarse operaciones de movilidad”: Dicho informe anota que, desde Palanquero; “casi medio continente puede ser cubierto con un C-17 (avión para transporte de tropas) sin recargar combustible, formando parte de una “estrategia global en ruta con movilidad de trayectos hasta África” . La estrategia para situar la base aérea en Palanquero es suficiente para fijar el alcance de la movilidad aérea en la zona suramericana, pero dicho documento concluye que existen opciones que permiten extender este sistema a África con bases adicionales, todo ello como parte de un sistema global de vigilancia, control e intervención.
Otros planes forman parte de esta política de militarización encubierta en América Latina: el entrenamiento de oficiales latinoamericanos se ha incrementado abruptamente en los últimos 10 años, rebasando, con creces, los niveles alcanzados durante la guerra fría.
La policía y los cuerpos de seguridad “privada” están siendo entrenados en tácticas de infantería ligera: la realidad se encubre con la máscara del “combate a las pandillas de jóvenes” y el “populismo radical”. El pretexto es “la guerra contra las drogas” pero resulta muy difícil tomar eso muy en serio, aún si se aceptase la extraordinaria suposición de que los Estados Unidos tiene el derecho de encabezar una “guerra” en tierras extranjeras. Las razones son bien conocidas y fueron expresadas una vez más a fines de febrero por la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia, encabezada por los ex presidentes Cardoso, Gaviria y Zedillo: Su informe concluye que la guerra al narcotráfico ha sido un fracaso total y demanda un cambio drástico en su política y que se aleje de las medidas de fuerza en los ámbitos interno y externo e intente otras medidas menos costosas y más efectivas.
No obstante lo expuesto en este documento y lo expresado por Chomsky, la Secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton, expresó ayer que se extenderá por más de los tres años iniciales la “cooperación” contra el narcotráfico contenida en el Plan Mérida.
Esta declaración fue efectuada ante la presencia de Patricia Espinosa, Secretaria de Relaciones Exteriores de la República Mexicana, el Embajador de México en los EE UU., Arturo Sarkhan y el Embajador de Estados Unidos en México, Carlos Pascual, mientras que el Secretario de Gobernación mexicano Fernando Gómez Mont, continúa con sus expresiones pendencieras que solo han logrado desestabilizar la seguridad interna del país.
Habrá – expresó el Embajador estadounidense – una mayor cooperación en aspectos como inteligencia, construcción de instituciones, entrenamiento y compartiremos lecciones. Y nuestros representantes se quedaron calladitos. Aunque Sarkhan por su parte consideró que “la cooperación será bilateral (pero en nuestro territorio) y se profundizará (ha de ser buzo) y se extenderá hasta tener un alcance regional, destacando que una de las señales positivas de la guerra mexicana contra el narcotráfico es que los precios de la cocaína se han elevado en los Estados Unidos. No será, que de acuerdo a la Ley de la Oferta y la Demanda, que el natural crecimiento demográfico ha creado un mercado más amplio que ha elevado los precios.
Finalmente el Embajador Sarkhan refiriéndose a la crisis de Honduras, declaró que también se habló sobre “la situación en la que se encuentra el punto con el país centroamericano, el papel que deben jugar los intermediarios y los pasos que podrían tomar México y los Estados Unidos en las siguientes horas”
A ver si no nos embarran en una intervención armada en la que nada tenemos que ver.
ÚLTIMA HORA.
Ayer al mediodía Carlos Salinas de Gortari se reunió con la mafia empresarial veracruzana en una comida a la que asistió el Gobernador de Veracruz, Fidel Herrera Beltrán.
Terminado el ágape, ambos se trasladaron a la casa – museo del Ex Presidente Adolfo Ruiz Cortines, que regentea la cínica Rosa María Jácome, donde Salinas de Gortari debe de haber recordado el cambio del original de un cuadro de David Alfaro Sequeiros por una litografía.
Dios los hace….
¡QUE TENGAN UN BUEN DÍA!
El correo es: edwin_coronaII@hotmail.com
El teléfono es 01 (229) 932 – 71- 30.
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