Existen municipios en la zona donde las presidencias municipales se heredan, sí como si estuviéramos en la época de la nobleza; no se han enterado que los reyes ya no gobiernan sino que son tan sólo figuras estrictamente protocolarias como en España o Inglaterra; pero existe un municipio insólito en el centro de Veracruz, un municipio donde un hombre oscuro lleva gobernando desde hace 20 años, sea como alcalde o sea como director de obra pública, cuando no gobierna directamente, lo hace imponiendo gobiernos títeres.

Su nombre es Rafael Pacheco Molina, ha sido alcalde tres veces y ahora mismo es el autonombrado director de obra pública en Paso del Macho.  Pero déjenme les cuento la historia. Del 2001 al 2004 fue su primer periodo después de una larga lucha ciudadana contra un cacicazgo. Después pierde la presidencia ante Jorge Vázquez del PRI, al dividirse los partidos locales. Regresa en un segundo periodo de 2008 al 2010. Después impone a Josafat  González del PRD en alianza con el PAN. Y se autonombra como director de obras durante 2011-2013. Después de ese periodo, volvió a regresar a la silla presidencial durante 2014-2016 para un tercer periodo. El 31 de diciembre de 2016 entrega al profesor Fernando León la estafeta como alcalde (quien es también de su equipo político) y empieza su periodo como secretario del ayuntamiento. Alrededor de medio año después, Rogelio Franco, Secretario de Gobierno con Yunes Linares, lo impone como subsecretario de planeación en la Secretaría de Desarrollo Social, creyendo que será un operador político para la campaña a gobernador de chiqui Yunes, su trabajo es fallido y terriblemente mal implementado. Los Yunes y los Franco se darán cuenta tardíamente que es un operador político parroquial, fuera de su pueblo Rafael Pacheco se manifiesta como un político de bajo perfil que fue incapaz de darle los votos necesarios al PAN en las regiones que le fueron asignadas. Y es que su manera de hacer política se reduce al control presupuestal de la obra pública, a otorgar materiales para la construcción de viviendas y ofrecer apoyos chiquitos de doscientos pesos, a la gente que le solicita, es un experto en una forma de corrupción política: acrecienta su imagen como piadoso político pero con dinero público. Después de esa aventura en el gobierno del estado, regresa nuevamente como director de obra pública, puesto en el que estará hasta el 2021.

Este político a la antigua usanza, parece extraído de alguna fábula de Gonzalo N. Santos, aquel cínico político potosino quien solía decir: “la moral es un árbol que da moras”; este político pasomachense ha vivido del presupuesto público 10 años como alcalde -durante tres periodos-, 7 como director de obra pública y año y medio como subsecretario estatal. Va para 20 años de chupar del presupuesto público. Al angelito en el pueblo, ya le dicen el Porfirio Pacheco en referencia al dictador que dio motivo a la Revolución Mexicana. Evidentemente a Paso del Macho le hace falta ya un Francisco I. Madero.

Foxista en su momento y no Cardenista, Yunista y no Morenista. Ha sido miembro del PRI y del PRD, y no ha tenido empacho de aliarse con el PAN las veces que han sido necesarias. Ha recorrido todo el espectro político de izquierda a derecha. Es un político sin ideología, está con quien le ayuda a trepar en la política, en ese sentido se parece al Niño Verde, es un político pragmático, sin valores, sólo con intereses.  En el fondo Rafael es un caso típico de un político anacrónico, aunque se diga del PRD, supo brincar de un partido a otro y autonombrarse el mismo la personificación del cambio. Priista en su cultura política, se caracteriza por controlar hasta el mínimo detalle de su gestión, cuando está tras bambalinas, es él quien gobierna, no ha dejado de hacerlo nunca. Impone a ediles, da nombramientos a diestra y siniestra, decide las obras que se harán, designa a los contratistas, autoriza el gasto, define las prioridades. Sea como alcalde o como autonombrado director de obras, es quien ha decidido la vida pública de un pueblo durante los últimos 20 años, eso se solía llamar antiguamente como un cacique. Él ha tenido el triste honor de revivir en su persona, una figura política que se creía extinta. Si hay sociólogos o politólogos entre nuestra audiencia, no olviden visitar Paso del Macho y analicen cómo fue posible el regreso al pasado. Si por el contrario hay arquéologos o paleontólogos, vayan  a estudiar a un auténtico dinosaurio de la política.

Es una especie de Hugo Chávez cañero, simula que juega a la democracia, utilizando los instrumentos de las elecciones para perpetuarse en el poder. No admite la crítica ni la disidencia. Es una especie de Fidel Castro, al querer controlar cada espacio de la vida social, es un político oscuro y tenebroso que no se tienta el corazón para destruir a sus adversarios. Pero su ambición desaforada de poder no lo hace más competente.

Ha creado una base clientelar a partir de la dotación de obras en las localidades. La pobreza franciscana de la obra pública que hicieron los gobiernos pasados, ha hecho que mucha gente considere que su gestión no ha sido buena sino menos peor.

Termino con una perla. Cuando el inefable Miguel Ángel Yunes, empezó el reencarpetado de la carretera Córdoba a Soledad de Doblado, Rafael Pacheco se opuso a que el tramo de Atoyac a Paso del Macho y de este a Camarón se rehabilitara, con el argumento de que no era necesario y, después, ante la presión ciudadana, ofreció que él realizaría la obra. Y que nunca lo hizo. Más allá del folclore de la anécdota, este hecho denota un rasgo de su carácter político: un buen cacique, no permite que sus bases piensen que no es un intermediario eficaz ante los gobiernos estatal o federal, pero un cacique, lo que se dice un cacique, debe decir que el hará la obra y nadie más…aunque nunca la haga.

Paso del Macho, continúa siendo un pueblo con los mismos indicadores de pobreza de los últimos 20 años, sigue manteniendo los mismos índices de marginación. En el plano económico, Paso del Macho ha vivido el espiral del deterioro de los ingresos de la caña de azúcar y de la ganadería sus dos principales actividades económicas; pero su único gobernante, su cacique benevolente, no ha tenido la imaginación durante los últimos 20 años para impulsar economías a escala, nuevas actividades económicas que atraigan o generen inversión de capital, y esto por una sencilla razón, porque Rafael Pacheco carece de ideas: su locura de control político, su habilidad para la cooptación y  su renuencia a soltar el poder, son realmente dignas de análisis clínico. La inseguridad ha crecido en todo el territorio y el gobierno local no sólo ha sido incapaz de dar paz a sus ciudadanos sino que se ufana de ello.  Después de 20 años, Paso del Macho no ha cambiado su imagen urbana, sus calles compiten por cuál de ellas tiene más hoyos o de plano en cuál se ha erosionado más el pavimento. No existen árboles en sus calles; y a pesar del esfuerzo de sus habitantes por limpiar el frente de sus casas, Paso del Macho sigue teniendo un aspecto poco aseado, y eso se debe al deficiente sistema de recolección de basura y al deterioro de su infraestructura urbana.

Rafael se convirtió en aquello que tanto criticó, traicionó la lucha ciudadana que lo llevo al poder, a su lado Manuel Pérez Bonilla, el otrora hombre fuerte, fue una perita en dulce. Rafael Pacheco se volvió un manipulador de las conciencias ciudadanas, un comprador de  votos que se burla de la pobreza de la gente humilde, un avaro que juega con sus necesidades, un pequeño dictador del trópico que ha desvirtuado el juego democrático para imponer sus intereses. Ojalá la ciudadanía de Paso del Macho vaya poco a poco despertando de esta pesadilla llamada Rafael Pacheco Molina.