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La periodista Christine Murray aseguró que la batalla emprendida por el presidente mexicano es más una “estrategia profundamente influenciada por la política y con poco que mostrar”, además de señalar que sus instituciones carecen de autonomía y recursos

Infobae

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Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, ha sido blanco de críticas por sus recientes visitas diplomáticas internacionales que incluyeron una reunión con sus homólogos de Estados Unidos y Canadá, así como asumir la presidencia del Consejo de Seguridad de la ONU.

En ese último, el presidente tocó algunos temas serios para su gestión como jefe del Ejecutivo Federal, destacando la corrupción como su más fuerte lucha para llevar a México por un mejor camino.

Sin embargo, la periodista Christine Murray, del diario internacional Financial Times, consideró que su lucha en contra de la corrupción es más bien una “estrategia profundamente influenciada por la política y con poco que mostrar”.

Aseguró que mientras aparentan tener bajo control la corrupción a niveles macro, al día a día los mexicanos cada año “pagan cientos de millones de dólares en sobornos a funcionarios públicos para el papeleo básico como iniciar una empresa o pagar impuesto a los automóviles”.

Christine Murray, del diario internacional Financial Times consideró que su lucha en contra de la corrupción es más bien una “estrategia profundamente influenciada por la política y con poco que mostrar”. (UN Photo/Mark Garten via AP)

Pero apuntó, es mucho más preocupante que parece existir un patrón “de exoneración de los aliados políticos y la persecución de los críticos del gobierno o sus opositores”.

De acuerdo con Murray, su plan de austeridad republicana le da cierta credibilidad a sus dichos en conta de la corrupción, pero a la vez, sus instituciones “carecen de independencia o recursos para sostener una lucha de tales dimensiones”.

Y por ello cerró su texto enumerando dos casos: la reciente renuncia de Santiago Nieto de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) luego de ser sorprendido en su propia boda de lujo en Guatemala; y en segundo lugar, la Auditoría Superior de la Federación, donde las denuncias penales no terminan por ser relevantes.

Santiago Nieto renunció a la UIF luego de que sus invitados a la boda con la consejera Claudia Humphrey fueran sorprendidos en el aeropuerto con miles de dólares presuntamente ilegales REUTERS / Henry Romero

AMLO en la ONU

Fue el día lunes 8 de noviembre cuando Andrés Manuel López Obrador (AMLO) aterrizó en la ciudad de Nueva York, con el fin de participar en la próxima sesión de trabajo del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

A través de la organización, AMLO presidió el debate sobre corrupción, desigualdad, inclusión y conflictos armados, el primero desde que el país tomara lapresidencia del Consejo para el bienio 2021-2022.

Durante su discurso, el mandatario mexicano planteó que el principal obstáculo para el ejercicio de los derechos es la corrupción, la opulencia y frivolidad como formas de vida de las élites. “Es corrupción que Tribunales castiguen a quienes no tienen como demostrar su inocencia”, dijo el mandatario.

“Sería hipócrita ignorar que el principal problema del planeta es la corrupción en todas sus dimensiones, sería insensato ignorar que la corrupción es la causa principal de la pobreza, de la frustración, de la violencia, de la migración y de graves conflictos sociales”, expuso.

(Foto: AP Photo/Eduardo Munoz Alvarez)

Además de presumir los avances de su gobierno en materia de corrupción y redistribución de la riqueza en México, López Obradorurgió a Naciones Unidas a despertar de su “letargo” y salir de la “rutina” del formalismo. Además, pidió al organismo luchar en contra la corrupción con más decisión, profundidad, protagonismo y liderazgo.

Por lo anterior, propuso a la Asamblea General un“Plan Mundial de Fraternidad y Bienestar” para garantizar el derecho a “una vida digna” a 750 millones de personas que sobreviven con menos de 2 dólares diarios

Lo anterior, indicó, se puede financiar mediante el cobro de una contribución voluntaria anual del 4% de sus fortunas a las 1000 personas más ricas del planeta; una aportación similar por parte de las 1000 corporaciones privadas más importantes por su valor en el mercado mundial y una cooperación del 0.2% del PIB de cada uno de los países integrantes del G20.

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