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Marco Vinicio Dávila Juárez

El presidente López Obrador, desde que era candidato a la presidencia de la República, ha tratado siempre de presentarse como un abanderado de la “unidad nacional”, pretensión que se vio reforzada con su ascenso a la presidencia. Unidad nacional para rescatar a México, Villahermosa, 26 de diciembre del 17; unidad nacional contra la corrupción, Tulancingo, 24 de enero del 19; unidad nacional para defender a México, Tijuana, 7 de junio del 19; unidad nacional para la lucha contra el Covid 19, CDMX, 31 de marzo del 20. Entre muchos otros momentos en los que ha llamado al “pueblo” a la unidad nacional: “Creo que va a ayudar mucho que los mexicanos nos unamos, que haya unidad nacional, que todos, independientemente de posiciones políticas, ideológicas, de corrientes de pensamiento, defendamos a México”.

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Estos llamados intentan pasar por alto que históricamente la sociedad está dividida en clases sociales antagónicas y, como él ha afirmado que las leyes del desarrollo social descritas por los clásicos del marxismo no aplican en nuestro país, por lo tanto cuando habla de unidad nacional se refiere a “la unidad de todo el pueblo para sacar adelante a nuestro querido México. El único partido que debe de interesarnos frente a estas circunstancias se llama: El pueblo de México”. Con lo cual pretende que todos los mexicanos, los patrones y los trabajadores, los dueños de los medios de producción y los que venden su fuerza de trabajo, los explotadores y los explotados, nos unamos todos para sacar adelante un programa de gobierno, su programa de gobierno, que, según el propio presidente nos va a beneficiar a todos por igual.

A la mitad de su sexenio, hay suficientes pruebas para desmentir ese mito de la unidad nacional, el mito del pueblo como partido único; ya que la desigualdad social, aquella que intentaba eliminar combatiendo la corrupción como origen de todos los males sociales que nos aquejan, no sólo no ha disminuido, sino que ha aumentado, haciendo más ricos a los más ricos de México, mientras aumenta el porcentaje de mexicanos en pobreza y en pobreza extrema.

Hemos afirmado muchas veces que Acción Nacional hace una oposición cómoda al presidente, que ha podido siempre recurrir al espantajo de la derecha y la ultraderecha para fortalecer una posición que, sin atentar contra los intereses de los monopolios y los carteles de la patronal, si hace cerrar filas a los trabajadores en torno a su figura, a través del discurso de la unidad nacional contra la derecha y la ultraderecha.

Hoy, que un grupo de senadores del PAN y otras figuras de la política más rancia y recalcitrante, han firmado la llamada Carta de Madrid, propuesta por las fuerzas más reaccionarias y conservadoras de España que encarnan en Vox, dará un buen motivo a López Obrador y su partido MORENA para hacer advertencias más apocalípticas contra la ultraderecha y seguir agitando al pueblo con la unidad nacional, mientras sigue profundizando su política antiobrera y antipopular, sin mayores protestas, ni oposición clasista visible, pudiendo acusar a aquellos trabajadores que cuestionen este consenso de hacerle el juego a la derecha.

Y si algunos dirigentes de Acción Nacional se pronunciaron en contra de tal acto, no es porque sean más demócratas o menos reaccionarios, sino porque hacen cálculos electorales rumbo al 2024, saben que el presidente puede capitalizar electoralmente estos hechos.

Si los trabajadores y los sectores populares realmente quieren cambios que mejoren sus condiciones de vida, deben luchar, juntos, contra el poder de los monopolios y todos los representantes del capital, sean del espectro que sean, la derecha, la extrema derecha y la socialdemocracia, incluido el gobierno actual: la nueva socialdemocracia.

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