CRONICAS, RELATOS Y LEYENDAS DE ATOYAC, VER.
11 de enero de 2026.
Dia 11 de 365, la aventura continúa.
Serie: UN DIA COMO HOY.
11 de enero de 1908.
Al igual que en los días anteriores, el ajetreo en las casas ha empezado muy temprano, los candiles, quinques o velas de cebo empiezan a iluminar las pequeñas casas de madera o costoneras y techos de zacate en los braceros se pone a hervir la olla de frijoles y café, inundando el ambiente con esos aromas que se han vuelto característicos, la rutina en el ingenio, es la misma, mientras algunos hombres se preparan para ir a trabajar al Ingenio otros terminan su turno y salen a descansar.
En la calle las carretas tiradas por bueyes hacen una fila más allá de los campos, esperando su turno para entrar al ingenio, las carretas vacías van a los diferentes frentes de corte.
En el taller de carpintería continúa la labor, armar las cajas de cuadratura de azúcar.
En el área de envasado, las bolsas de manta con letras en forma circular al centro con las iniciales MNSRCº, Mexican National Sugar Refining Company, al centro con letras negras INGENIO EL POTRERO, también se lee, AZUCAR REFINADA,
50 kilos, que esperan ser llenadas en los pequeños envases, después serán cosidas, serán transportadas por una banda hasta la pequeña bodega para almacenarla o cargar las carretas que se encargarán de llevarlas a la estación del ferrocarril de Atoyac, donde serán distribuidas en los diferentes lugares.
En la fabrica, aquellos jugos de caña siguen su proceso de convertirse en meladura, luego pasará por los tachos, irán las centrifugas manuales donde a alta velocidad se le quitara el exceso de agua y se tendrán los primeros granos de azúcar mascabado o azúcar “morena”, seguirán su proceso de clarificación, hasta convertirse en licor, que pasará por filtros quitando impurezas, se le agregaran otros productos y serán llevados a los filtros de carbon en la refineria, los primeros tanques se empiezan a llenar con un licor alto en sacararosa y en miel blanca, los cuales una vez filtrados, serán llevada a los tachos de refino, donde, después de agregar la semilla, tendrán el tamaño del grano adecuado y el color blanco con esa calidad Potrero que siempre nos ha caracterizado.

Para el enfriamiento de mieles y melazas después de su paso por los evaporadores y evitar fermentaciones no deseadas por las altas temperaturas, la compañía construyó una fábrica de hielo y a través de serpentines de cobre, con agua helada se auxiliaba al enfriamiento de las mieles.
Tras pasar por el último centrifugado, esos granos de azúcar serán transportados por una banda hasta llegar a los primitivos tromeles, esos aireadores circulares que permitían el paso del aire y ayudados por paletas de madera tenían la función de airear y enfriar el azúcar, como método auxiliar, se utilizaban barras de hielo en en extremo del tromel que ayudado por un ventilador introducía aire fresco ayudando al enfriamiento de los granos de azucar. Este mecanismo funcionaba a base de poleas y bandas.
Terminado el enfriamiento, el azúcar era llevado al envase donde eran sacos con capacidad de 50 kilos de azúcar, otra parte era llevada al departamento de “Cuadratura” donde hábiles obreros de encargaban de llenar las cajas de cuadratura, rasarlos, enfriarlo y forrarlos con papel encerado y almacenarlos en cajas de cartón.
A partir de este día, en México conoció el azúcar blanca, refinada y con una calidad indiscutible que ha perdurado hasta nuestros días.
Las crónicas cuentan que el primer bulto de azúcar de 50 kilos y la primer caja de azúcar en cubos fue entregada al presidente de la República, Gral. Porfirio Díaz Mori.
Cómo corolario, la moderna fábrica de hielo vio su fin en la década de los años 1940, cuando se adquieren modernos equipos de enfriamiento continuo y control total que daban uniformidad al azúcar.
“Porque aquí, donde el trabajo comenzaba antes del alba, cada caña, cada grano y cada esfuerzo empujaron la historia, hasta que un día, al levantarse el primer bulto de azúcar, también se levantó la certeza de que El Potrero estaba destinado a endulzar no solo mercados, sino el orgullo y la memoria de su gente”.
Recopilador: Nazario Guadalupe Cebada Morales



