“La codicia es buena” (Lema de Wall Street).
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Jorge Salazar García. 11/01/2026
Aunque siempre ha existido la codicia, ésta parece tener un punto de inflexión al nacer el sistema capitalista. En el cual, codiciar lo ajeno (tierras, alimentos, medios de producción y capital) ha dejado de ser considerada un vicio o pecado. No obstante, quienes la padecen, según Baruch Spinoza (filósofo racionalista), “son básicamente enfermos”. Pues esa adicción les conduce a priorizar “deseos egocéntricos y pasiones” (Erick Fromm) sobre los derechos y la vida de los demás. Por eso la codicia, entendida como el deseo insaciable de adquirir más riquezas y poder; al generar un ciclo de ambición progresiva, es la fuente de todos los crímenes. Sus adictos tienen rasgos de personalidad narcisista, egoísta, comportamientos manipuladores o explotadores y son incapaces de sentir satisfacción plena.
Del feudalismo al capitalismo.
Al principio, cuando no había propiedad privada, el hombre buscaba en la naturaleza los satisfactores de sus necesidades básicas (hambre, sed, vestido y refugio) para poder sobrevivir. Una vez satisfecho agradecían a los dioses (Naturaleza) los dones recibidos. Más adelante, preocupado por el futuro, se le ocurrió acumular satisfactores para si mismo o su colectividad. Llegando el momento de escases, aquellos que no la previeron, fueron tentados por la codicia y el robo. Por su lado, los poseedores, ante la necesidad de conservar los satisfactores, dieron paso a la avaricia (deseo patológico de acumulación) y a las normas para castigar el robo.
Después de las rebeliones campesinas en contra de la explotación feudal en Francia, Alemania, Italia e Inglaterra, principalmente, el feudalismo es sustituido por el sistema capitalista (s. XIII-XV) donde los siervos se vuelven proletarios y los feudales, burgueses. Sus bases teóricas provienen de las obras de Adam Smith, Robert Malthus, David Ricardo y Charles Darwin, básicamente.
Algunas propuestas teóricas de ellos han sido utilizadas por los imperios colonialistas para justificar el despojo de los bienes de otras naciones, el exterminio de grupos sociales y la destrucción de la Naturaleza. Este modelo económico generó, en lo inmediato, tres grandes consecuencias: sobreexplotación, nacimiento del marxismo-socialismo y el liberalismo económico.
Tal vez ahora que Estados Unidos intenta posicionar a los neoliberales como los héroes de la libertad y el progreso, sea pertinente revisar algunas propuestas de Robert Malthus que fundamentan las políticas de la derecha mundial, hoy boyante en Latinoamérica.

Thomas Robert Malthus
Este clérigo inglés, con su “Ensayo sobre el principio de la población” (1798), nutre a ese neoliberalismo moderno que culpa a los pobres de su pobreza por su reproductividad. Malthus, en su Teoría de la Población, expone la tesis demográfica de que la “miseria y la desgracia” son causadas por el aumento de la población.
Su razonamiento puede sintetizarse de la manera siguiente:
a) Las especies compiten instintivamente por espacio y alimento sin reparar en la necesidades de la prole.
b) El hombre es un animal que, además de instinto, posee razón que le conduce a regular su reproducción cuando percibe que no podrá satisfacer las necesidades básicas de la prole.
c) Consecuentemente, el aumento de población traerá miseria y desgracia social.
Esta falaz silogismo fundamenta el despojo y exterminio de pueblos prolíficos que, según los países “industriosos y civilizados”, ponen en riesgo la sobrevivencia de los demás. Para evitarlo, diseñan política de control demográfico conforme a los 4 obstáculos que propuso Malthus: dificultar la alimentación, imponer exceso de trabajo; tolerar los vicios y retardar el matrimonio. De no hacerlo la humanidad entera estaba amenazada ya que los alimentos no alcanzarían para todos porque mientras éstos crecen aritméticamente (1, 2, 3, 4,…), la población lo hace geométricamente (2,4,8,…) cada 25 años. Malthus pronosticó que la población se duplicaría cada 25 años.
Pasando el tiempo se demostró la falsedad de ese cálculo: la población mundial se duplicó en 130 años, pasando de 1000 millones en 1800 a 2000 millones en 1930.
Por supuesto, nadie en su sano juicio puede oponerse al crecimiento equilibrado de la población respecto a la disponibilidad de recursos, lo inaceptable es imponer criterios inhumanos de control demográfico sólo para beneficiar la concentración de la riqueza en unos cuantos. Desde luego, los países socialistas también controlan el crecimiento poblacional pero con un enfoque humano. China, por ejemplo, espera pasar de 1410 millones actuales a unos 730 millones en 2100.
No obstante lo anterior, las ideas de Malthus sirvieron al Club de Roma (1972) en sus programas encaminados a “estabilizar” el crecimiento poblacional con medidas “resilientes”; es decir, no coercitivas hasta lograr un crecimiento igual a cero. Lo mismo incluyen las recetas de Washington, la Agenda 20-30 con el único objetivo final, dicen todos ellos, de evitar la miseria y la pobreza. Claro, mientras esos señorones “humanizan” el capitalismo, sus fortunas crecen sin medida y aquello que dicen combatir permanece.
Propuestas de Malthus vs la pobreza
Para Malthus la solución a la pobreza estaba en convencer al trabajador dejar de reproducirse, así disminuiría el número de obreros y subiría el precio del trabajo. De no hacerlo voluntariamente, el estado debería favorecer la mortalidad haciendo perecer a los niños que superaran el punto de equilibrio con “la existencia de alimentos.”
Respecto al hambre, propone: “evitarla con otros medios de destrucción” (guerras, vacunas, hacinamiento, pauperización, segregación en áreas insanas, estériles o contaminadas). También, sugiere ecomendar “costumbres contrarias” a la higiene, de ese modo la mortalidad en lo pobres subiría al doble la mortalidad y menos personas morirían de hambre. Llama a las invasiones, expediciones para llevar el progreso.

El bienestar
Este ideólogo de la derecha, formula no fomentar el bienestar mediante pensiones, jubilaciones y créditos populares a cargo del estado porque estimula a los perezosos, negligentes y desestimula el carácter emprendedor de los hombres laboriosos necesario a la prosperidad de los estados. Recomienda gobernar de manera despótica, para controlar a un pueblo que “aguijoneado por el sufrimiento constante de su miseria” pudiera caer en la anarquía o la revolución que pusiera en peligro la libertad de los “hombres de bien” (ricos). Se impone entonces convencer al pueblo de que él es la principal causante de sus padecimientos, y que de él mismo depende su felicidad, no de las condiciones económicas impuestas.
Por lo anterior, concluye Malthus: la iglesia y el gobierno deben incluir el principio de la población en las escuelas públicas y parroquiales. ¡Viva esa libertad carajo!, dirán los libertarios como Milei y Trump.
Críticas a la teoría Malthusiana
Desde la publicación del ensayo de Malthus surgieron críticas de filósofos, científicos, economistas e historiadores. Entre estos últimos destaca la del ginebrino Jean-Charles-Leonard de Sismondi quien, sin ser socialista, criticó a ese capitalismo eugenésico y genocida.
De su texto “Equilibrio entre producción y consumo” escrito en 1819, incluido en la Revista de Economía Crítica de Diego Guerrero, emanan las objeciones siguientes:
Sismondi afirma que el capitalismo se funda en la esclavitud de las clases bajas; que el capitalista, al buscar su beneficio propio, perjudica a todos: impone una competencia basada en la crematística (acumulación antinatural, deshumanizante e ilimitada de riqueza y poder) que lleva a producir (desequilibradamente) mucho para vender barato, obliga a bajar costos de salarios; lo cual genera miseria, sufrimiento y desempleo en los trabajadores, quiebres de otras empresas y ciclos de crisis económicas. Sismondi aportó elementos para hacer menos salvaje el capitalismo y propuso al dúo gobierno-oligarquía proteger a los pobres porque, en éstos, al saberse oprimidos y explotados, crece el odio que los convierte en el mayor peligro para el gobierno, las leyes y la estabilidad. A la Teoría de la Población, Sismondi la calificó de falsa, simplemente porque las subsistencias pueden multiplicarse con mas facilidad que el hombre.
La codicia es buena
La Teoría de la población proporcionó a la oligarquía inglesa (estadunidense después) pretextos para combatir el crecimiento poblacional radicalizando los obstáculos mencionados por Malthus: diseñan planes, leyes, instituciones y políticas encaminadas a encarecer alimentos, aumentar horas de trabajo, fomentar la farmacodependencia, normalizar tendencias de género y desestimular la reproducción mediante programas de esterilización e inhibición del matrimonio heterosexual. Las recetas neoliberales, la agenda 2030 y nuevo orden mundial, considerando esos 4 obstáculos, han logrado bajar los índices demográficos exitosamente, aunque la miseria, sufrimiento y explotación, persisten.
El modelo capitalista, centrado en el individualismo-codicia, conduce a la cosificación de lo humano. Su adalid actual, E.U., genera destrucción-muerte, guerra, esclavismo y sufrimiento donde interviene. “Es un modelo económico empapado en sangre” (Naomi Klein), “moralmente repugnante, autodestructivo” pero bastante lucrativo para pocos. Los gobiernos que sirven a Wall Street, adoptan su lema y sirven al capitalista. Ambos saben que no conviene fomentar el bienestar, la solidaridad social ni la corresponsabilidad pues un pueblo feliz, sano, libre y sin codicia no es negocio. Resultando, finalmente, que es el sistema económico el determinante de los males de la humanidad.



