“Su avaricia degrada la existencia humana”
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Jorge Salazar García. 18/01/26
Ahora que los tambores de guerra redoblan bastante fuerte, parece pertinente exhibir a quienes la promueven y el por qué. Primero delimitaremos el concepto de guerra considerándola un conflicto violento donde toda ley es transgredida. De entre más de 30 tipos diferentes citamos la económica, informativa, tecnológica, biológica, química, proxi, cognitiva, cibernética, electrónica, híbrida, asimétrica y energética. Generalmente se combinan; sobre todo, cuando los pueblos agredidos resisten a ser sometidos y despojados de sus riquezas por gobiernos que están al servicio del capital, como el de Estados Unidos (EU)
Los beneficiarios
Pocas veces la guerra es obra de un solo hombre, regularmente la impulsan las élites económicas donde están los dueños de las corporaciones farmacéuticas, financieras, tecnológicas, inmobiliarias, armamentistas, etc., cuyo propósito fundamental es mantener la rentabilidad de sus fortunas. Las guerras forman parte de sus agendas de inversiones en Wall Street; si no las hicieran, sus ganancias decrecerían pues no habría demanda de armamento ni de recursos para reconstruir lo destruido. “Su avaricia degrada la existencia humana” dijera Cornel West, filósofo y excandidato independiente presidencial. Por ejemplo, sus ganancias alcanzaron los 100 mil millones de dólares en dos semanas de guerra en Ucrania. No sólo hunden en la banca rota a la nación víctima, también quiebran (moral y económicamente) al gobierno estadounidense, que sirve a su insaciable codicia.
Evidentemente, la prioridad presupuestaria de Trump son esos productores de armamento que hoy tienen saturados los almacenes del pentágono y que urge vaciar. Trump, asesorado por agente del capital, aplica dentro y fuera de EU el manual de guerra psicológica movilizando tropas y policías para inducir inseguridad, miedo y conmoción social en la población (Naomi Klein, “La doctrina del shock”). Con esa estrategia espera paralizar y desmovilizar al ciudadano que exige cambiar esa política bélico-fascista. Por ello, Trump, siguiendo el consejo de Maquiavelo (“El Príncipe”), endurece la represión interna y ordena la guerra externa. Así busca paliar los graves problemas sociales y recuperar autoridad y reputación. No le funcionará.
El fin se acerca.
En los años 1944 los capitalistas yanquis, para recapitalizar sus fortunas, establecieron (Acuerdo Bretton Woods) el dólar como moneda de reserva internacional respaldado en oro (fundaron el Banco Mundial y el FMI). Nixon, obedeciendo a esos señores, en 1971 impuso al mundo el sistema monetario fiduciario moderno donde el valor del dólar ya no fuera respaldado en oro ni por bienes físicos sino por la confianza. Por supuesto, ese control de los EU sobre las monedas trajo inflación, mayor volatilidad y concentración de la riqueza.
Tales medidas ha permitido el crecimiento financiero anómalo de operaciones con el dólar, cuya masa circulante ya no refleja la disponibilidad de bienes y servicios producidos en Estados Unidos. Actualmente, el “circulante” financiero supera al de la economía real, provocando que la moneda pierde valor. Esto afecta directamente a quienes viven de un salario y a los poseedores de mucho dinero fiduciario: los primeros pierden poder adquisitivo o consumen menos, y los segundos encarecen el dólar elevando las tasa de interés a los deudores y/o generando guerras. El problema es que se crea un círculo vicioso cuyo regreso al punto de partida toma cada vez menos tiempo: aumentar circulante sin respaldo sólido (productivo) devalúa la moneda conduciendo a incrementar la producción ¡de dólares!
Tsunami en puerta
La masa de las fortunas, igual que la de una bola de nieve, aumenta su velocidad de crecimiento conforme crece su volumen y viceversa. La masa monetaria, aún siendo números, arrasa con todo a su paso, autodestruyéndose finalmente, como la bola de nieve. Esas fortunas registradas en papeles bancarios (acciones, bonos, etcétera) demandan intereses que deben pagar los contribuyentes cautivos, internos y externos. Conforme más grande sea la fortuna, más trabajadores y competidores son arruinados y despojados, quebrando la economía real y al gobierno. Y dado que esos magnates (no pagan impuestos) jamás renunciarán a su codicia, el gobierno, (para sostener el estado) les pide prestado pagándoles jugosos réditos (bonos) regresando al ciclo pernicioso: aumentar circulante, impuestos, precios de servicios y después contratar más deuda. ¡Un tsunami económico!
¿Qué se puede hacer?
Salir de ese ciclo perverso antes de que la violencia entre civiles se desborde requerirá sacrificios. La economía gringa podría colapsar este año pues su deuda (2023) que todavía paga 1.6% de intereses pagará el doble (3.38%). Finalizando 2026, su débito rondará los 42 billones de dólares pues sólo por intereses crece 3 millones de dólares por cada minuto transcurrido (ahorita es de 38 bd, 124% del PIB). Trump eliminará más programas sociales y promoverá la guerra y venta de armas, fortaleciendo el hoyo negro (cuya gravedad atrae implacablemente toda materia y energía circundantes) que consume el dinero productivo existente.
Escapar de esa trampa depende de la capacidad organizativa de aquellos agraviados que quieran cambiar el sistema capitalista inhumano, lo cual requiere desobedecer a gobiernos pro-fascistas, recuperar el sentido de pertenencia y vencer el miedo, la impotencia y la desinformación. Desde luego, corresponde principalmente al ciudadano norteamericano difundir que “Trump destruye y “divide al país” (General James Mattis) e intentar transformar su “sociedad semidemocrática y racista, dominada jerárquicamente por blancos, cuyo objetivo es preservar los privilegios de las élites” (Jeffrey Sachs, economista). También los migrantes mexicanos, (alrededor de 15 millones) deben unirse para evitar que EU caiga “bajo las botas del fascismo” (Cornel West) que tarde o temprano también pisarán México.
Resistencia activa
El camino es la resistencia civil como aquella que Mahatma Gandhi encabezó para ganar la independencia de la India. Su esencia se encuentra en la obra de Gene Sharp (La Lucha Política no Violenta, 1973) que registra casi doscientas acciones envueltas de solidaridad, disciplina y convencimiento. Algunas de las mencionadas son: boicots de consumo, servicios y políticos; suspensión de pagos de hipotecas, seguros y deudas; abandonar el dólar; hacer paros, huelgas, pintas, marchas, mítines, cacerolazos, caravanas, autogestiones; planear conciertos, veladas, juicios populares, mofa, escarnio y repudios dramatizados; realizar vigilias, sentadas, desnudos, ayunos, cancelaciones de membresías, no pagar autopistas; obstruir, interrumpir, bloquear y hacer ocupaciones no violentas; visibilizar corrupción de autoridades, etcétera. Su elección y planeación dependerán de las condiciones específicas de lugar y tipo de organización. La constancia y entrega hará que personajes públicos se sumen o por lo menos condenen la represión que sufran los manifestantes.
En este sentido, el exsecretario de defensa, Mark Esper, expresó sobre las represiones trumpistas: “no puedo permanecer en silencio, las ciudades y pueblos del país no son espacios de batalla…”. Por su lado, Noam Chomsky reconoce lo justo de las protestas que exigen cambios en “las instituciones sociales y económicas del país”. Jesse Jackson, ex líder de los Derechos Civiles, (excompañero de Martín Luther King) pidió en 2018 una “coalición global de conciencia para combatir no solo la violencia, sino también la pobreza y la desigualdad”. Artistas (Robert de Niro), escritores (Noam Chomsky), filósofos (Cornel West) y políticos como Bernie Sanders y Zoharan Mamdami (alcalde socialista de New York) podrían sumarse, llegado el momento. En lo inmediato, se impone exhibir a quienes impulsan y se benefician de esas políticas de muerte.
Evitar el colapso.
Al respecto, los científicos desarrolladores de la bomba atómica, en 2022, publicaron en su Boletín que el Reloj del Día del Juicio Final se encontraba a sólo 100 segundos de medianoche. En ese mismo año, el autor del libro La próxima guerra civil, Stephen Marche, declaró: el sistema podría colapsar por una crisis de legitimidad, nutrida por una derecha que promueve la violencia. Por consiguiente, si estamos ante el umbral de una hecatombe mundial; se impone, entonces, organizar campañas informativas intensas antes de que normalicen el sufrimiento, el miedo y la miseria en nombre de la libertad. Como dijera (2020) Cornel West, urge una tremenda lucha y solidaridad basada en un compromiso con la gente pobre y los trabajadores.



