CRÓNICAS, RELATOS Y LEYENDAS DE ATOYAC, VER.
25 de enero de 2026
Día 25 de 365. La aventura continúa… y hoy, nos lleva a conocer dos símbolos que forman parte de la identidad Atoyaquense.
Serie: CONOCIENDO NUESTRO HISTORIA.
ESCUDO E HIMNO DE ATOYAC.
A lo largo de la historia ha habido pueblos que nacieron de una rebelión, Yanga, por Decreto y otros que se forjaron a fuerza de terquedad histórica, Atoyac pertenece a los segundos.
Su creación como municipio no fue un regalo, fue una conquista que se escribió con insistencia, con idas y venidas, con la dignidad de quienes no aceptaron quedar al margen de su propio destino, Juan José Araiza Ontiveros, Andrés González Arzola, José Conzatti Díez y Luis Aguirre Pagani.
Desde los primeros años del siglo XX, Atoyac empezó a reclamar su lugar en el mapa, fue declarado municipio el 12 de enero de 1916, pero las disputas territoriales, particularmente las sostenidas con Tepatlaxco por la recuperación de Progreso y Manzanillo, marcaron una época de tensión y de lucha cívica, no fueron simples diferencias administrativas: fueron batallas por la identidad, por el arraigo y por el derecho.
Los años quedaron marcados como estaciones de una misma causa: 1922, 1924, julio y octubre de 1926, fechas que hoy resuenan como campanadas antiguas en la memoria colectiva., cada intento, cada resolución por medio de Decretos, cada retroceso, fue preparando el terreno para que finalmente, en 1931, quedara firme la pertenencia de estos territorios al municipio de Atoyac.
No fue un triunfo inmediato, fue un triunfo persistente, Atoyac aprendió temprano que la historia no siempre se gana de un solo golpe, sino resistiendo.
Décadas después, el municipio entendió que no bastaba con existir en lo legal; había que verse, sentirse y reconocerse. Así llegamos al 20 de noviembre de 1987, mientras el país entero conmemoraba el inicio de la Revolución Mexicana al terminar el desfile conmemorativo por las calles de sus comunidades, Atoyac daba un paso fundamental en su propia revolución identitaria: se presentaba oficialmente el Escudo de Atoyac, el escudo que sería a partir de ese momento el emblema distintivo de nuestro municipio.
Bajo la administración municipal de Jaime Quevedo Morales, se lanzó la convocatoria a quienes poseían el don del arte pictórico, confiando en que la identidad también puede trazarse con pincel firme.
El jurado calificador determinó como ganador al trabajo presentado por el joven Ernesto Méndez Arzola, ganando el primer lugar, el segundo lugar fue para Mariano Rosado Rosario, otros grandes participantes fueron Cándido Victoria y el Profesor Francisco Armengol Gonzalez, entre otros, en total se presentaron 6 trabajos.
Gracias a ese escudo, y al conocimiento cada vez más profundo de nuestra historia, desde hace 36 años Atoyac posee una identidad visual que se reconoce de inmediato; el escudo no es adorno: es carta de presentación, es memoria condensada, hoy aparece en documentos oficiales, vehículos municipales, uniformes de empleados y en todo aquello donde el municipio se nombra a sí mismo con orgullo.
Pero si el escudo le dio rostro a Atoyac, el himno le dio voz,, quizás un himno conocido por pocos.
El Himno a Atoyac, obra de Don Lázaro Díaz Blanco, con la coautoría del Dr. José Antonio Téllez Juárez, es un canto que recorre la geografía, la economía y el espíritu del municipio, habla de la tierra cafetalera, de la sierra fría y elegante, de la madera abundante, de los arbolitos de café y la palma de camedor, nombra al agua cristalina que da origen al nombre del municipio de Atoyac, esa que se derrama y fluye como la historia.
El himno convoca a ejidos y comunidades, a la clase popular y sindical, a cantar unidos, a reconocerse como un solo pueblo, menciona al Ingenio El Potrero, a la gruta, a la cascada, al valle regado por el rocío del cielo, no es un canto improvisado: es una declaración de pertenencia.
Su registro oficial quedó asentado en el Registro Público del Derecho de Autor, bajo el número 03-2017-021510243900-14, con fecha 21 de febrero de 2017, dando certeza legal a una obra que busca tener legitimidad en el corazón del pueblo.
Escudo e himno no son símbolos aislados: son anclas, en ellos se resume la lucha, la creación, la memoria y la esperanza de Atoyac, nos recuerdan de dónde venimos y nos dicen, con música y con imagen, quiénes somos y a dónde vamos.
“Un municipio sin símbolos es solo un territorio; pero un municipio con Escudo e Himno, es, definitivamente, un pueblo con alma”.
Conviene dejar constancia, con la verdad por delante, que el Himno a Atoyac, aunque registrado y plenamente identificado como obra literaria, no ha sido aún declarado himno oficial del municipio, sus autores lo escribieron no por encargo ni por obligación institucional, sino por amor entrañable a su tierra, como quien canta lo que duele, lo que enorgullece y lo que se ama, la esperanza permanece viva: que algún día, un Presidente Municipal sensible a la historia y a la identidad local, lo legitime oficialmente, le otorgue el lugar que merece y le brinde la difusión necesaria para que sea entonado en actos cívicos, escolares y comunitarios, hasta que sus versos se vuelvan costumbre y su melodía, memoria compartida.
En las siguientes Crónicas, conoceremos la Heráldica de nuestro escudo, y la letra completa del Himno a Atoyac.
Créditos: Lázaro Díaz Blanco, Dr. José Antonio Téllez Juárez, Prof. Raul Méndez Arzola.
Recopilador: Nazario Guadalupe Cebada Morales.
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