CRÓNICAS, RELATOS Y LEYENDAS DE ATOYAC, VER.
26 de enero de 2026
Día 26 de 365, la aventura continúa…
Serie: CONOCIENDO NUESTRA HISTORIA.
EL ESCUDO DE ATOYAC.
Hablar del escudo de Atoyac es asomarse a un espejo antiguo donde el tiempo no se quiebra, sino que dialoga, la heráldica, más que ornamento, es lenguaje: habla con símbolos lo que la historia escribió con sudor, río, caña y lucha, en ella, cada figura guarda memoria y cada color es una palabra que no envejece.
Nuestro escudo, concebido para decir quiénes somos y de dónde venimos, abre su relato:
En la parte superior con dos esculturas prehispánicas, olmecas, centinelas del pasado indígena que aún respira bajo la tierra, entre ambas, como afirmación de origen y pertenencia, se lee la frase: “Atoyac, lugar junto al río”, recordándonos su raíz náhuatl y su destino ligado al agua que da vida y carácter.
Debajo de esta leyenda, el escudo se divide en cuatro campos, en la parte superior central se aprecia el ingenio azucarero, símbolo del trabajo, de la molienda diaria y de una economía que marcó generaciones, al lado derecho, bultos de azúcar blanca y refinada se elevan al cielo, como base, varias varas de caña dulce, sostén principal de la región, cruzando esta imagen, como línea de fuego histórico, aparece el lienzo que proclama el Plan de San Ricardo, Atoyac, Ver., 14 de julio de 1910, recordatorio de que esta tierra no solo produjo caña, sino también conciencia revolucionaria, primer movimiento armado contra la dictadura de Porfirio Díaz.
Al lado izquierdo, un langostino, base de la gastronomía local, desciende desde la cascada del río Atoyac, imagen viva de la riqueza natural y de la relación íntima entre el pueblo y su entorno, a la derecha, la naranja, el mango y la mata de plátano, con la iglesia de Manzanillo al fondo, evocan la fertilidad de la tierra, la fe cotidiana y la vida comunitaria que florece entre surcos y campanas.
En la parte inferior emergen dos montañas y dos puentes, trazando el paisaje que resguarda al municipio, evocando al Camino Real y la historia del Ferrocarril El Mexicano, más abajo aún, un túnel ferroviario nos remite a los puentes y túneles de los trenes porfiristas, huella de hierro que atravesó la sierra y dejó testimonio de una época de tránsito, progreso y contradicciones.
Todo el escudo se enmarca con la leyenda, escrita en mayúsculas como declaración solemne: “ATOYAC, TIERRA PRODIGA Y REVOLUCIONARIA”, y es coronado por una guirnalda de hojas y granos de café, orgullo serrano y símbolo del trabajo que perfuma la historia local.
Conviene recordar —como ya se comentó en la crónica anterior— que este escudo nació de un concurso, ejercicio de identidad y participación ciudadana, cuyo primer lugar fue obtenido por Ernesto Méndez, a quien corresponde el mérito de haber traducido en símbolos la esencia profunda de Atoyac.
Así, el escudo no es solo imagen oficial: es relato condensado, herencia compartida y promesa de memoria.
Quien lo mira, si sabe leerlo, entiende que Atoyac no se explica en una sola figura, sino en la suma de todas.
Recopilador: Nazario Guadalupe Cebada Morales.
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