CRÓNICAS, RELATOS Y LEYENDAS DE ATOYAC, VER.
27 de enero de 2026.
Día 27 de 365, la aventura continúa…
Serie: CONOCIENDO NUESTRA HISTORIA.
HACIENDA EL POTRERO O HACIENDA LA CANDELARIA: esa es la cuestión.
Y de pronto, la campana volvió a sonar en Potrero Viejo, no es una campana cualquiera: es la que convoca, la que llama a misa y a la memoria, con su repique se anuncia que ha comenzado la novena en honor a la Virgen de la Candelaria en la antigua Hacienda El Potrero, hoy conocida como Potrero Viejo, y génesis prehistórico del coloso de la zona centro de Veracruz , el ingenio El Potrero; y cuando eso ocurre, el tiempo parece acomodarse distinto: las piedras hablan, los muros recuerdan y la historia se asoma sin pedir permiso.
Y como siempre sucede cuando la fe y la historia se cruzan, surge la pregunta que se repite de generación en generación:
¿Estamos en la Hacienda El Potrero… o en la Hacienda La Candelaria?
El gran cronista David Ramírez Lavoignet, en su historia monográfica de Atoyac, publicada en la Revista Cronos nos da una base firme, señala que la Hacienda El Potrero recibió ese nombre porque en sus orígenes estuvo dedicada a la crianza de caballos y becerros, durante muchos años esa fue su vocación, y así quedó asentada en documentos y registros, más tarde, con la construcción del ingenio azucarero en nuestra comunidad, la Villa Gral. Miguel Alemán , el pueblo, sabio y práctico, comenzó a distinguir los espacios:



Potrero Viejo, donde estuvo la hacienda;
Potrero Nuevo, donde se construyó el ingenio.
Hasta ahí, no hay duda.
Pero entonces aparece otro nombre, uno que se cuela entre rezos y tradiciones orales: Hacienda La Candelaria.
¿En qué momento surgió esa confusión?
Para el año de 1800, la región de Córdoba era un mosaico de haciendas con nombres repetidos, existían varias llamadas El Potrero, distantes entre sí y ubicadas en diferentes municipios, lo mismo ocurría con La Concepción, San José, Nuestra Señora de la Concepción, nombres profundamente religiosos que se repetían una y otra vez, aunque cada hacienda se dedicara a giros distintos: café, caña, tabaco. Así encontramos La Concepción cafetalera, la Concepción Mesillas tabacalera, Nuestra Señora de la Concepción cañera, la Purísima Concepción, la Pura y Limpia Concepción… y así podríamos seguir.
Posiblemente entre todas las haciendas llamadas El Potrero, sólo una llevó oficialmente el nombre de La Candelaria, ubicada en algún punto cercano al actual Potrero Viejo, dentro del municipio de Amatlán de los Reyes.
La clave aparece en un libro fundamental en la historia regional, el libro de la historiadora Adriana Naveda, La rebelión de los esclavos negros en las haciendas de la región de Córdoba, donde se menciona que Juan de Miranda solicitó un préstamo para fundar un trapiche en lo que sería llamada Hacienda La Candelaria, alias Potrero, y es justo ahí donde el error comienza a repetirse.
Dice el historiador Paco Ignacio Taibo II, “La historia de México nos la han contado tal mal, que hasta nos la hemos creído”
Y esto viene porque en los registros históricos formales, la Hacienda El Potrero perteneció a José Segura de Ceballos desde 1660 hasta su muerte en 1742, pasando después a su viuda Gertrudis Saga de Brugueiro y posteriormente a Francisco Segura de Ceballos.
En ningún documento aparece Juan de Miranda como propietario de la Hacienda El Potrero.
Las coincidencias confundieron a muchos:
Una hacienda llamada La Candelaria, otra que veneraba a la Virgen de la Candelaria, una llamada El Potrero, otra con el alias de Potrero, ambas en Amatlán, ambas con trapiche.
Pero los números y los mapas no mienten:
la Hacienda El Potrero superaba las 2,000 hectáreas, la Hacienda La Candelaria no rebasaba las 400.
He buscado respuestas no sólo en libros, sino también en el Archivo General de la Nación, mapotecas, he revisado mapas antiguos de Veracruz del siglo XVIII y XIX, y en todos ellos el punto de referencia constante es El Potrero, ahí aparece, marcado con claridad, antes que confusiones o nombres prestados,entre Paso del Macho y Córdoba, El Potrero, que fue referencia geográfica, económica y política.
Y por El Potrero pasaron personajes que marcaron la historia nacional, Juan Nepomuceno Almonte descansó aquí durante su viaje a Europa, cuando buscaba una corona extranjera para gobernar México, Maximiliano de Habsburgo y Carlota hicieron alto en El Potrero en su camino de Veracruz a la Ciudad de México, cuando venían a asumir el imperio.
Y desde aquí, el 11 de enero de 1862, el General Ignacio Zaragoza envió una carta al presidente Benito Juárez, días antes de enfrentar el destino en Puebla.
El 11 de febrero de 1905 cuando la hacienda es vendida a la NMSRCº dice, venta de la Hacienda El Potrero.
Como dato revelador, en el V Censo Nacional de 1940, en el municipio de Amatlán de los Reyes aparecen tres comunidades llamadas Potrero Viejo, que con el tiempo fueron unificadas en una sola: la Congregación Potrero Viejo que hoy conocemos.
Muchas comunidades actuales conservan el patronímico de la hacienda que les dio origen, así ocurrió en gran parte del país cuando, durante el gobierno del presidente Lázaro Cárdenas del Río, se decretó el fin del sistema hacendario y se llevó a cabo la gran reforma agraria que transformó la propiedad de la tierra en México, sin embargo, no todos los pueblos renunciaron a su nombre. Potrero Viejo no lo hizo, conservó su identidad, su memoria y su historia.
Así, entre documentos, mapas, censos y tradición oral, queda claro que una cosa es la Hacienda El Potrero y otra la Hacienda La Candelaria, aunque compartan patrona y cercanía, la fe unió los rezos; la historia pone orden en los nombres.
Algunas comunidades que cambiaron su patronimico de la época de las Haciendas; Omealca, San Joseph Omealca; Venta Parada, San Joseph Venta Parada; Mesillas, Nuestra Señora de la Concepción Mesillas, y dentro de esa gama de pueblos que adoptaron el nombre con el que fue conocida la hacienda, San José de Abajo, San José de En medio, La Concepción.
Y mientras la novena continúa, Potrero Viejo vuelve a ser lo que siempre ha sido: un lugar donde la memoria no se improvisa, se investiga, se narra y se defiende.
El presente trabajo no tiene la intención de demeritar a los historiadores que han investigado sobre está histórica Hacienda, mi reconocimiento a ellos, y tomando las palabras de Galileo Galilei, “Sin embargo se mueve”
Referencias:
David Ramírez Lavoignet, Atoyac. Revista Cronos.
Juana Martínez Alarcón, tesis doctoral.
Adriana Naveda, Historia General de Córdoba.
Adriana Naveda, La rebelión de los esclavos negros en las haciendas de la región de Córdoba.
Recopilador: Nazario Guadalupe Cebada Morales.



