CRÓNICAS, RELATOS Y LEYENDAS DE ATOYAC, VER.
29 de enero de 2026.
Día 29 de 365, la aventura histórica continúa…
Serie: CONOCIENDO NUESTRA HISTORIA.
EL INGENIO EL POTERO Y SUS TRES ZAFRAS.
En el ingenio El Potrero, el tiempo no se mide por calendarios civiles sino por zafras.
Cada año, cuando el aire se impregna del olor dulzón de la caña recién quemada y cortada y el silbato del ingenio rompe la madrugada, el pueblo entero sabe que la historia vuelve a ponerse en marcha.
Así ha sido, sin interrupción de la memoria, desde la zafra de 1908 cuando el Ingenio El Potrero comenzó a dejar constancia escrita de su andar productivo.
Los números, fríos en apariencia, revelan una historia viva., en aquella primera zafra registrada, poco más de 150 mil toneladas de caña fueron molidas, era un ingenio joven, sostenido por la tierra fértil de la región, por manos campesinas que la cortaban con emoción y desde entonces, la molienda creció al ritmo del pueblo, de los ejidos y de la industria que se consolidaba.
Con el paso de las décadas, Ingenio El Potrero alcanzó su madurez industrial, la ampliación de 1930 y la de 1964 dejaron constancia y las cifras de los años sesenta y setenta reflejan zafras superiores al millón de toneladas de caña y producciones de azúcar que colocaron al ingenio entre los más importantes del país, sin embargo, a partir de 1975, uno de los capítulos más significativos de su historia se escribiría a partir de la etapa de las zafras de mascabado.
Tras la expropiación del Ingenio El Potrero a Erick Koenig por el Gobierno Federal, se tomó una decisión estratégica que marcaría un antes y un después: aprovechar la extraordinaria calidad del azúcar refinada que ahí se producía, en el entendido que dicha calidad no era fortuita, era resultado del conocimiento empírico de los tacheros, hombres formados en el oficio, que con solo rozar la miel con las yemas de los dedos sabían reconocer el punto exacto de la templa, su experiencia no se aprendía en manuales, sino en años de trabajo frente al tacho y al vacío, sin olvidar a los primeros tacheros llegados de la bella Cuba a trabajar y a enseñar a los obreros de El Potrero ese noble oficio.
Gracias a esa pericia, Ingenio El Potrero se convirtió en centro nacional de refinación de azúcares mascabados., comenzaron a llegar cargamentos desde distintos puntos del país y, más adelante, incluso desde lugares tan lejanos como Brasil, el ingenio ya no dependía únicamente de la zafra cañera local: el trabajo se extendió hasta diez meses al año, garantizando empleo continuo y estabilidad económica para cientos de familias potrerenses.
El azúcar producida por la molienda de la caña de azúcar y la refinación de azúcares mascabados producidos en El Potrero se envasaba en bultos de 50 kilogramos, entonces entraban en escena otros protagonistas silenciosos de la historia: los estibadores, hombres fuertes, curtidos por el esfuerzo diario, que cargaban a hombro los costales y llenaban furgones del ferrocarril y tráileres de carga, desde Potrero, el azúcar partía hacia distintos estados de la República y hacia puertos de altura, donde cruzaba los mares para llegar a países de diferentes continentes.
Paralelamente, el ingenio, con una tercera zafra, consolidó la producción de alcohol de 96 grados Gay-Lussac, alcanzando en algunos años cifras superiores a los cinco millones de litros, este aprovechamiento integral de la caña confirmó que El Potrero no era solo una fábrica, sino un complejo industrial completo, adaptado a las necesidades productivas del país.
Cada renglón de estas estadísticas es, en realidad, una historia humana: el tachero que reconocía la miel perfecta, el estibador que cargaba el mundo en un costal, el obrero que cubría turnos extendidos, la familia que vivía al ritmo del silbato, el cortador de caña, el ejidatario, el transportista y todos los involucrados en el proceso.
El Potrero no fue únicamente un ingenio; fue escuela, sustento, identidad y referencia territorial.
Hoy, al revisar estas cifras con mirada histórica, no se trata solo de datos, son testimonio de una época en la que El Potrero se proyectó más allá de sus riberas, llevando su azúcar y su trabajo a otros estados y a otros países.
Porque en este pueblo, la historia no solo se escribe: se muele, se refina y se embarca.
Y El Potrero, como símbolo y realidad, sigue siendo parte esencial del relato colectivo de nuestro municipio, Atoyac y la región.
Créditos, Efrain Rivera Solis, Historia del Sindicalismo en el Ingenio El Potrero; archivos personales.
Recopilador: Nazario Guadalupe Cebada Morales.
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