CRÓNICAS, RELATOS Y LEYENDAS DE ATOYAC, VER.
4 de febrero de 2026.
Día 35 de 365, la aventura continúa…
UN DÍA COMO HOY.
4 de febrero de 1936
¿SABOTAJE?
Aquel día amaneció como tantos otros en tiempos de huelga: con el sol asomando tímido entre los cerros y la dignidad obrera firme, plantada en los portones del Ingenio El Potrero, La Concepción y Potrero Viejo.
Nada parecía fuera de lugar, los obreros del Sindicato General de Obreros, Campesinos y Artesanos Progresistas del Ingenio El Potrero y Anexas cumplían su guardia con disciplina y temple.
La huelga ya llevaba varios días, había estallado desde el 7 de enero, y aunque las pláticas se habían trasladado hasta la ciudad de Xalapa, la tensión seguía viva, la patronal, astuta pero renuente, aceptaba algunas cláusulas del pliego de peticiones, pero se negaba rotundamente a pagar salarios caídos y los gastos generados por el conflicto.
Con soberbia, exigía que las negociaciones se trasladaran a la Ciudad de México, como si la distancia pudiera desgastar la voluntad obrera.
La calma, sin embargo, no duró.
De pronto, desde el interior de la fábrica, a toda carrera, apareció uno de los obreros que por ley permanecían en labores de guardia y mantenimiento, el rostro desencajado, la voz entrecortada:
¡Compañeros! Avísenle a los encargados… se fue la luz dentro de la fábrica… y también el agua!
El rumor corrió como pólvora. La sospecha se coló entre los silencios.
¿Accidente… o provocación?
Los responsables de la guardia no perdieron tiempo, se trasladaron al telégrafo y enviaron un telegrama urgente a Xalapa, informando de lo sucedido, la patronal hizo lo propio, pero con otra intención: acusó directamente a los obreros de sabotaje.
La palabra cayó pesada, como una losa.
Sabotaje: excusa perfecta para golpear la huelga y despojarla de legitimidad.
Asesorado por Vidal Díaz y Jiménez Acevedo, el presidente de la Comisión de Huelga, Benjamín Ávila Vega exigió a las autoridades el envío inmediato de un inspector que acudiera a Potrero y realizara una investigación exhaustiva.
La urgencia obligó a la rapidez. Desde la ciudad de Córdoba llegó el inspector, quien fue autorizado a ingresar al interior de la fábrica.
Revisó máquinas, instalaciones, conducciones, luego, acompañado por los propios obreros, se trasladó hasta la represa del río, donde concluyó su inspección.
Al final, con los datos en la mano, habló claro:
No hugosabotaje.
La palabra supo a gloria entre los obreros y cayó como balde de agua fría a la patronal.
Fue una falla en un transformador, no existen indicios de intervención obrera, así lo informaré a Xalapa.
La verdad, aunque tardía, se abrió paso.
La noticia trascendió más allá de los muros del Ingenio.
Al día siguiente, 5 de febrero, el gobernador del estado, General Heriberto Jara, llegó personalmente a Potrero, se reunió con los obreros, escuchó sus demandas y, sin titubeos, les brindó todo su apoyo.
Aquel gesto quedó grabado en la memoria colectiva como prueba de que, cuando la lucha es justa, encuentra eco.
Estos hechos, ocurridos en nuestra comunidad y en nuestro Ingenio, no deben quedar sepultados por el olvido, son parte de la historia viva de Potrero y de la resistencia obrera que forjó derechos a golpe de organización y coraje.
Cuentan las anécdotas heredadas de nuestros abuelos —quienes vivieron la huelga—, transmitidas a nuestros padres y llegadas hasta nosotros, que fue el obrero Roberto Rivera quien, por unos cuantos pesos, se vendió a la patronal e hizo algunos “chanchullos” para intentar culpar a los trabajadores y lograr que la huelga fuera declarada inexistente.
Pero la verdad resistió.
Y la dignidad, también.
Porque la historia del Ingenio El Potrero no se escribe con calumnias, sino con lucha sindical, conciencia de clase y memoria.
Recopilador: Nazario Guadalupe Cebada Morales.



