CRÓNICAS, RELATOS Y LEYENDAS DE ATOYAC, VER.
6 de febrero de 2026.
Serie: UN DÍA COMO HOY.
Día 37 de 365, la historia continúa… y hoy se detiene un momento para rendir homenaje a uno de los hombres que pusieron los primeros cimientos de nuestro municipio.
FALLECIMIENTO DEL TENIENTE CORONEL JOSÉ JUAN ARAIZA ONTIVEROS.
Primer Presidente Municipal de Atoyac, Veracruz
6 de febrero de 1957.
Hay vidas que se escribieron con disciplina, valor y amor por Atoyac.
Una de esas vidas es la del
Teniente Coronel Juan José Araiza Ontiveros.
Originario de La Barca, Jalisco, donde nació en el año de 1861, desde joven abrazó la carrera militar, alcanzando el grado de Teniente Coronel, con el que sirvió durante décadas a la nación.
Su vida estuvo marcada por el servicio, la responsabilidad y el compromiso con su tiempo.
En 1910, llega a esta región como telegrafista del ferrocarril en la Estación de Paraje Nuevo, en plena efervescencia revolucionaria, fue testigo directo de los primeros movimientos armados, cuando supo de la orden de cateo girada por el régimen porfirista contra la casa de Fernando Cueto, donde se almacenaban armas para los revolucionarios encabezados por Cándido Aguilar, con prudencia y valentía, contribuyó a que el cargamento pudiera salir por el camino rumbo a Peña Blanca, evitando su decomiso.
Hacia 1913, arriba a Atoyac, con el grado de Mayor, como jefe de la guarnición militar encargada de resguardar la estación del ferrocarril, ya no era solo un soldado: era un líder respetado, cercano al pueblo.
En Atoyac se integra a un grupo de ciudadanos notables, visionarios y comprometidos, que impulsaron, desde 1914, la creación y fundación del municipio libre de Atoyac.
No fueron tiempos sencillos, hubo obstáculos, trámites, negativas y dudas.
Pero hubo perseverancia.
Gracias a ese esfuerzo colectivo, el 12 de enero de 1916, mediante el Decreto Número 5, se logró el objetivo, Atoyac nació como municipio.
Y Juan José Araiza Ontiveros fue nombrado Presidente de la Junta de Administración Civil, encargándose de organizar, estructurar y dar forma al nuevo gobierno municipal, fue el primer responsable de poner orden, normas y rumbo a un pueblo que apenas aprendía a caminar como municipio libre, tuvo el honor de ser el primer presidente municipal que llevó los destinos de Atoyac.
Desde esa posición, sentó las bases administrativas, políticas y sociales que sostendrían el futuro de Atoyac.
Participa en muchas batallas contra ejércitos rebeldes, como la defensa de Paso del Macho del 1 de febrero de 1917.
Posteriormente, desempeñó una larga lista de funciones públicas:
Fue Jefe de Hacienda en Córdoba, empleado en la Oficina de Faros en el Puerto de Veracruz, y ocupó diversos cargos en el servicio gubernamental.
En 1925, fue electo Diputado Federal por el Distrito 12, con cabecera en Córdoba, integrando la XXXII Legislatura (1926–1928), donde presidió la Primera Comisión de Guerra, poniendo al servicio del país su experiencia militar, ahí comparte escaños con Enrique Bordes Mangel, redactor del Plan de San Ricardo del 14 de julio de 1910 y diputado pie el estado de Guanajuato, y el Gral. Arturo Campillo Seyde, diputado por el Distrito de Teziutlán, Pue.
Para el bienio 1945–1946, fue designado Presidente del Consejo de Administración Civil en Orizaba, cerrando así una destacada carrera pública.
Después de tantos años de servicio, decidió retirarse.
Se trasladó a Mata de Agua, en el municipio de Soledad de Doblado, donde atendió el rancho de su propiedad, buscando tranquilidad entre la tierra, el trabajo sencillo y los recuerdos.
Pero la salud comenzó a fallar, por esa razón, se mudó a la Ciudad de México, donde pasó sus últimos años, acompañado de la memoria de una vida entregada al deber.
Ahí, el 6 de febrero de 1957, falleció.
Se fue el hombre.
Quedó el legado.
Hoy, Atoyac honra su memoria con respeto y gratitud.
Porque sin su visión, sin su esfuerzo, sin su liderazgo, sin su entrega… Nuestro municipio no sería lo que es hoy.
Este es un homenaje póstumo, sincero y sentido, para quien puso las bases del Atoyac moderno.
Para quien creyó en este pueblo cuando aún no tenía nombre oficial, para quien ayudó a convertir un sueño en realidad.
Que su nombre siga vivo en la memoria colectiva, que su ejemplo inspire a las nuevas generaciones.
Que su historia no se pierda en el silencio.
Recopilador: Nazario Guadalupe Cebada Morales



