Isael Petronio Cantú Nájera

La polisemia de nuestras palabras requiere de ciertas precisiones en algunos contextos; de hecho en la cadena del lenguaje, el contexto le precisa el valor al término.

En nuestro país “chamba” tiene el significado de “trabajo”; por lo común es frecuente escuchar decir a la gente: ¡No tengo chamba! De lo que se deduce que está desempleado; y en sentido contrario, podemos escuchar:- ¡conseguí un Chambón!- para lo cual, termina uno haciendo una cara de interrogación y preguntando: – ¿Conseguiste una buena y magnífica chamba o a un pésimo trabajador? Y hete ahí que nuestro interlocutor tendrá que precisar qué dijo con el término “Chambón”.

Para la Real Academia Española no hay duda, pues esta palabra equivale a persona:

  1. adj. coloq. De escasa habilidad en el juego, caza o deportes. U. t. c. s.
  2. adj. coloq. Poco hábil en cualquier arte o facultad. U. t. c. s.
  3. adj. coloq. Que consigue por chiripa algo.
  4. m. y f. coloq. Col. Persona ordinaria.

Si en el lenguaje la polisemia obliga a un viaje a los diccionarios para encontrar los significados de los términos; en la sociología y las ciencias políticas se presta para identificar y hacer públicas las inconsecuencias de los políticos corruptos.

En la larga y profunda crisis del Estado mexicano y sobre todo en los últimos tiempos de la hegemonía del PRI; los partidos y sus militantes que se oponían a él, intentaron e intentan por muchos medios, dado que el mercado de trabajo ha estado en crisis: ¡conseguirse una chamba a como de lugar!

Ese “a como de lugar” resultaba fácil ante un PRI que hizo del empleo público su mejor maquinaria de Estado para ganar las elecciones; así, dando chamba corporativizaba y alienaba a sus opositores… estos, una vez “enchufados” al presupuesto simplemente se comportaban como unos “aviadores” o “chambones”.

Los casos críticos se dieron cuando los falsos dirigentes de Izquierda y de Derecha, renegando de sus ideologías y traicionando a las bases militantes de sus partidos: se pelearon los cargos para acomodarse en los trabajos públicos: plazas de docentes, de universidades o burócratas de cualquier nivel, porque al final del día sabían que eso era una “chambita” y que lo grande vendría después.

Para mi, el caso más crítico, fue el bienio panista de Yunes; donde habiendo derrotado al PRI, teniendo él sus raíces ancladas en el mismo PRI; unció a su maquinaria electoral a la dirigencia del otrora partido de izquierda del PRD, y terminó dándoles “chamba” a todos.

Los cargos otorgados fueron y son medulares para cualquier Estado que se precie de Democrático: ¡La secretaria de gobierno y la de Educación Pública!

En nuestro sistema, vertical y autoritario, el Poder Ejecutivo organiza y representa a la Administración Pública y sobre la Secretaría de Gobierno recaen una serie de funciones que van desde la coordinación de todas las demás secretarías hasta garantizar la seguridad pública en el estado; a esa secretaría, que sin duda sería una gran chamba para cualquier ciudadano de prestigio y conocedor de sistemas de administración de las políticas públicas: simplemente llegó un chambón, quien con su silencio ante todo problema político administrativo, hizo más patente su incapacidad de sacar adelante su chambita. Los efectos de esas chambonadas desde la Secretaría de Gobierno bien pueden explicar una parte de la derrota estrepitosa del “Yunismo” en Veracruz.

Si dirigir la política interna del estado mostró el fracaso del agente; más grave fue el desempeño en la Secretaría de Educación de Veracruz; los perredistas aupados en esos espacios, simplemente eran ajenos a todo programa de políticas educativas del país y el propio secretario, más político que administrativo, simplemente hicieron su chamba de manera chambona.

Jamás se propusieron incidir en la urgente reforma educativa que el país requiere; dados los resultados manifiestos en las pruebas de ENLACE o de PISA; jamás tuvieron la intención de que los alumnos, mujeres y hombres, aumentaran sus habilidades en matemáticas, español, ciencias naturales y menos civismo… pero lo más crítico para ellos mismos, fue que ni siquiera fueron capaces de crear un modelo hegemónico que les permitiera reelegirse en sus cargos y así seguir sosteniendo su estructura de poder y ello, a pesar, de que fueron capaces de imponer a sus familiares y amigos o amigas al más clásico estilo del nepotismo.

Las chambonadas en esencia son mediocres, en la administración pública donde rigen los principios de eficiencia y eficacia, entre otros, son actos de corrupción… pero eso, no les importa a los chambones y menos a quienes en su ansiedad por tener una chamba son capaces de traicionar todo, incluida su identidad ideológica.

Ahora bien, la derrota del PRI, del PAN y de los partidos satélites no necesariamente termina con los chambones, por el contrario, éstos sin escrúpulos tienden a colonizar las estructuras de la organización que se ha hecho del poder; así, los riesgos dentro de MORENA y del gobierno de la Cuarta Transformación (4T), tiene su peor amenaza en esos ciudadanos que se formaron dentro de una política gatopardista y que solamente buscan tener un ¡¿Chambón?!

Finalmente, si queremos realmente construir un nuevo Estado Social y Democrático de Derecho que emerja del movimiento de la 4T, tendremos, entre muchas cosas de la reforma del Estado, que impulsar un verdadero sistema meritocrático que tome en cuenta auténticos perfiles académicos, de experiencia, de eficacia y eficiencia, que sean idóneos con los cargos que la administración pública requiera para que funcione ese Estado, sujetos al control social y obligados a rendir cuentas. Así, el cambio de mentalidad se irá decantando por un claro concepto de empleo con salario digno y dejando atrás el de chamba y su correlato de chambonada. ¡No ser chambón es el reto!