CRÓNICAS, RELATOS Y LEYENDAS DE ATOYAC, VER.
5 de febrero de 2026
Día 36 de 365, la aventura continúa…
Serie: CONOCIENDO NUESTRA HISTORIA.
PILARES DEL SINDICALISMO.
A lo largo de la historia, la memoria suele ser injusta, recordamos a los generales de diferentes épocas y grandes batallas, a los hombres de uniforme impecable o de traje oscuro, a quienes tomaron decisiones desde la comodidad de un escritorio, Ignacio Zaragoza, Porfirio Díaz, Madero, Zapata, Villa y muchos otros que sus nombres están en los libros, en las plazas, en las calles y avenidas.
Pero de los soldados rasos, de aquellos que fueron sacados de sus casas, de sus parcelas, por la leva o la bola, de los que pusieron el pecho, de los que murieron sin medallas ni discursos, casi nadie se acuerda, solo algunos, sus familiares se acuerdan de ellos, como aquel poeta que una noche recordó a su padre y nos dejó su historia en el corrido “Las Soldaderas” donde se puede leer, “Mi padre fue aparcero, domador y vaquero…Salió pa la Boquilla, a combatir con Villa y ya nunca regreso”
En la historia sindical ha pasado exactamente lo mismo.
El aprendiz de cronista, Guadalupe Cebada, durante años solo ha nombrado a unos cuantos, entre ellos a Irineo Neri, a los hermanos Vidals, a Ángel I. Rodríguez, a Benjamín Ávila Vega, o a algún Secretario General que aparece firmando en un documento oficial, y no es su culpa: así nos han enseñado a mirar la historia, desde arriba.
Hoy no.
Hoy bajamos al patio, al taller, a la vía, al campo y a la zafra.
Hoy honramos a los hombres del Ingenio El Potrero y sus Anexas, a los que dejaron sudor, manos rotas y a veces sangre, para que la empresa siguiera en pie, a los que levantaron la mano en las asambleas, a los que secundaron las huelgas hasta 1936, que vigilaban portones, que tomaron café con “piquete” para calmar el frío de la noche, o que dormían con el cielo como techo descansando en las guardias nocturnas, mientras sus compañeros permanecian en vigilia, y que, después, aceptaron convertirse en sección sin olvidar lo aprendido en la lucha.
Ellos son algunos de los verdaderos pilares del sindicalismo, obreros de Ingenio El Potrero 1935-1936.
De Fábrica:
Delfino Santiago.
Lorenzo Gómez.
Ángel Hernández.
Lucas Rufino.
Hilario Aguilar.
Vicente Armas.
Francisco M. Flores.
Juan Ojeda.
Del almacén:
Miguel G. Trejo.
Departamento del Ferrocarril:
Francisco Galicia.
Emilio López.
Eduardo Leyva.
Evaristo Hernández.
Juan Hernández.
Francisco Rodal.
Aniceto López.
Carmen Hernández.
Valeriano Rojas.
Del departamento de Electricistas:
Rafael Armas.
Erasmo Fuentes.
Luis Gutiérrez.
Departamento de la Planta del Río:
José M. Ríos.
Juventino Miranda.
Francisco G. Sánchez.
Del departamento Taller Mecánico:
Ángel I. Rodríguez.
Leopoldo López.
Hermilio Ponce.
Heraclio Mancilla.
Norberto Arteaga.
Arcadio Cortés.
Eulogio Rovira.
Fernando Lezama.
Gregorio Figueroa
Antonio Machorro.
Isidoro Valero.
Teófilo Aguilera.
Nicolás V. Lara
Francisco Burgos.
Manuel Castro
Eustorgio García.
Miguel Murillo.
José Rodríguez.
Departamento Carpintería:
José Rivera.
Trinidad García.
Hermilio Fernández.
Adalberto Arroyo.
Regino Paz.
Mateo Argüello.
Fernando Reyes F.
Departamento Albañilería y Pintura:
Miguel Ventura.
Hermenegildo M. Jijón.
Juan León.
Raymundo Ventura.
Fernando Gómez
Estos hombres no aparecen en estatuas ni en retratos oficiales, pero sin ellos no existiría la historia que hoy contamos.
Fueron los cimientos silenciosos del sindicalismo, los que aprendieron que la dignidad también se defiende con las manos callosas y la palabra firme en asamblea, se que faltan muchos nombres más, pero poco a poco iremos conociendo los hombres y nombres de aquellos “viejos’ que nos legaron las bases de nuestra historia sindical.
Gracias a ustedes, amables lectores, que con sus comentarios, sus mensajes por messenger, whatsApp, recuerdos y aportaciones enriquecen cada publicación y ayudan a que estos nombres no se pierdan en el olvido.
Y un agradecimiento especial a Raúl Leopoldo Trujillo Cortes, por su valiosa cooperación y su compromiso constante con la memoria histórica de nuestro Atoyac.
Porque la historia no solo se escribe con fechas y decretos,
se escribe con nombres…
y hoy, esos nombres vuelven a casa.
Recopilador: Nazario Guadalupe Cebada Morales



