CRÓNICAS, RELATOS Y LEYENDAS DE ATOYAC, VER.
8 de enero de 2026
Dia 8 de 365, la aventura continúa.
Serie: DE PERSONAS.
LOS HERMANOS VIDALS; trabajadores incansables y luchadores sindicales.
En los primeros años del siglo XX, cuando el régimen del general Porfirio Díaz comenzaba a mostrar profundas grietas, la inconformidad social se extendía como un murmullo persistente por todo el país. Desde 1906 surgían clubes antirreeleccionistas, se leía con avidez el periódico Regeneración de los hermanos Flores Magón y estallaban levantamientos armados aislados, como los encabezados por Santana Rodríguez, “Santanón”, en el centro y sur de Veracruz, o el del general Hilario C. Salas en la región de Acayucan. Morelos, Puebla y Veracruz ardían en el descontento.
Estos movimientos provocaron la migración de familias enteras en busca de refugio y esperanza. Entre los destinos se encontraba Atoyac y la región conocida como Salsipuedes, territorio que comenzaba a transformarse con la imponente construcción de un ingenio azucarero que cambiaría para siempre la historia local.
A mediados de la década de 1890, en una próspera hacienda del estado de Puebla, propiedad de un acaudalado español, llegó una joven llamada Apolonia, conocida por todos como Pola en busca de trabajo. Era una época dura, en la que los hacendados se asumían dueños no solo de la tierra, sino también de la vida de sus trabajadores. El destino quiso que Pola llamara la atención del propietario, quien, tras enviudar, la llevó al altar. De ese matrimonio nacieron dos hijos: Alfonso y Amando.
Pero la calma fue breve. Los primeros brotes armados previos a la Revolución Mexicana alcanzaron también aquella hacienda. Los alzados la tomaron, la saquearon e incendiaron y el hacendado murió en medio del caos. Entre el fuego y la refriega, Pola tomó a sus hijos —Alfonso, el mayor, y el pequeño Amando, de apenas siete años— y huyó sin rumbo fijo. Abordó el ferrocarril hacia Veracruz y, tras pasar Córdoba y Paraje, sus ojos se posaron en una enorme construcción levantada en un vasto llano. Decidió bajar en la siguiente estación. Un letrero de fondo blanco y letras negras anunciaba el nombre: Atoyac.
Allí, bajo el sol inclemente, Pola regresó por el camino con la firme decisión de forjar un mejor porvenir para sus hijos. Al llegar a la gran obra, buscó al capataz buscando trabajo para que su hijo Alfonso fuera aceptado como trabajador en la construcción del ingenio, “está muy chiquillo y flaco para el trabajo” dejo el capataz, y ante la insistencia y desesperación de Pola, acepto darle un trabajo a su hijo, “toma aquella maroma, dos botes atados con mecate a un pedazo de madera, vas a ir al río y traeras agua limpia y fresca y la repartes entre los trabajadores.
El 8 de enero de 1908, cuando la National Mexican Sugar Refining Co. inició la primera zafra del Ingenio El Potrero, Alfonso ya se desempeñaba como obrero. Aquel día nacieron, simbólicamente, dos gigantes en la vida de la comunidad: el coloso industrial que sería el corazón económico del pueblo; unos gigantes del sindicalismo local, regional y nacional.
Preocupada por la educación de Amando, Pola gestionó que aprendiera a leer, escribir y sumar con las esposas de algunos dirigentes del ingenio, quienes enseñaban el silabario a los hijos del personal de confianza y de los obreros. Así, el pequeño Amando inició su formación.
En homenaje al valor y sacrificio de su madre, ambos hermanos tomaron una decisión que los acompañaría toda la vida: llevar con orgullo el apellido materno. Sin despreciar el apellido paterno, lo conservaron solo como inicial. Desde entonces, la historia los recordaría como Alfonso Vidals M. y Amando M. Vidals.
En 1913, Amando comenzó a laborar en el Ingenio El Potrero. Para 1924, cuando se gestaba la lucha por formar el primer sindicato azucarero, los hermanos Vidals ya estaban allí, firmes, defendiendo sus derechos y los de sus compañeros.
Ambos hermanos fueron secretarios generales del Sindicato en diferentes periodos, sin embargo, Alfonso Vidals trascendió en el ámbito sindical y en 1936 formó parte del primer Comité Ejecutivo del STIASRM obteniendo la cartera de Secretario de Estadística al lado de Alejandro Peña el Secretario General, mientras Amando hizo carrera política logrando ser presidente del Consejo de Administración Civil de los municipios de Misantla, Camarón de Tejera y Atoyac.
Hoy, como tantos hombres de bien que han forjado la historia de Atoyac, Alfonso y Amando Vidals permanecen vivo en la memoria colectiva: en el recuerdo agradecido de quienes lo conocieron y en la historia de un pueblo que reconoce en los hermanos Vidals a trabajadores incansables, luchadores sindicales y servidores públicos íntegros.
“Los derechos que hoy disfrutas nacieron del sacrificio de quienes se atrevieron a luchar cuando callar era más fácil.”
Recopilador: Nazario Guadalupe Cebada Morales
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