Claroscuros
José Luis Ortega Vidal
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3 de AGOSTO de 2009
(1)
En sentido estricto la palabra agradecimiento tiene uno de sus sinónimos en el concepto de humildad.
La conjugación de ambas ideas, vistas como versos, es en presente y es en la primera persona del singular.
El regreso a la actividad vital en una circunstancia de reto pero también de esperanza, me lleva a pensar en el pago de deudas como inicio.
Al sur de Veracruz le viviré permanentemente agradecido por su generosidad en los días aciagos, en las horas de la noche tormentosa, en el paso por el desierto de las dudas.
Las deudas del alma se reseñan en la poesía y se pagan así, también, poéticamente.
Nunca he entendido la vida de otro modo, me inspiran respeto los distintos, pero la concibo como un ejercicio esencialmente poético, es decir fundamentalmente espiritual.
Conocí a los periodistas de Coatzacoalcos a lo largo del camino, desde muchos años atrás.
Con algunos he compartido la esencia de la vida, varios -ellos lo saben- son una suerte de hermanos, de modo tal que todos, para mí, conforman una familia de la que me siento orgullosamente miembro.
Estar aquí, ahora, es una oportunidad que agradezco lo mismo que todas las acciones desarrolladas por los periodistas porteños a lo largo de un viaje tan azaroso como aparentemente solitario.
Nunca la soledad marcó mi sino, mis amigos y hermanos de Coatzacoalcos estuvieron allí siempre.
Gracias a todos por ello.
El sentimiento de gratitud se extiende a todo el sur, a cada rincón de redacciones y diálogos del alma literaria e histórica que son Minatitlán y cada orilla del portentoso río de la serpiente.
En Jáltipan, lo sé, aún cantan para mí los niños que sueñan peces y aún aguarda el reencuentro con don Margarito, su familia y sus abrazos tan largos como el cariño.
Soy un hombre que ha nacido tres veces y la segunda de ellas ocurrió en Acayucan.
Bienvenido, me dijo Orlando aún sin conocer los detalles de un viaje en el que su enseñanza contribuyó a la decisión, inevitablemente tanguera, de volver.
Cuando desperté la poesía aún permanecía allí, acayuqueña ella como el último zapote domingo que se llevó consigo una parte del sabor de la vida, pero nos dejó a los acayuqueños la incomparable suculencia de nuestra historia.
En Acayucan supe de la revolución y también de la contrarrevolución y así nació la idea de llamar a esta columna Claroscuros.
Tierra de personajes y de hombres y mujeres que son mi familia.
Tierra de periodistas de cuyo seno vengo y al que agradeceré siempre -mientras Dios me permita la conjugación de los versos- su solidaridad y los múltiples motivos por los que me siento orgulloso de sus actos.
Mi esposa y mis hijos son pasado, presente y futuro, mi familia amplia y diversa es la gramática completa, mi madre la motivación inicial y perenne.
¿Qué decir de un Veracruz de instituciones que se consolidan y que salvan vidas?
Jarocho soy, aquí estoy agradecido con el gobernador del alto nivel con que contamos: Don Fidel Herrera Beltrán.
Diputados y alcaldes y personajes de la vida política que es como la vida: plena de altibajos pero plena también de motivos para estar en ella.
Mario, Gonzalo, Héctor, Iván, Zitta, Darío, Gregorio, Tony, Vicky, Marcelo, a todos un abrazo.
Los hospitales regional, del IMSS, el CEM xalapeño, los organismos como la cruz roja, los bomberos, los Ayuntamientos, mi grupo: multimedios Olmeca, la sociedad civil e incontables manifestaciones de fé y acercamiento a Dios como un camino de vida, son parte del testimonio que me corresponderá contar y que está aquí, en el sur como en cada rincón veracruzano.
Siempre volvemos al lugar en donde nos esperan, dice el libro de los testimonios.
Es cierto, tanto como mi preferencia por el oro pequeño de los trigos y como mi deseo de conocer algún día a Enriqueta y las palabras que no alcancé a escuchar.
Todo vuelve, todo, inevitablemente vuelve.como este agradecimiento a todos.
Muchas gracias a Dios por la nueva oportunidad.


