CRÓNICAS, RELATOS Y LEYENDAS DE ATOYAC, VER.
1 de febrero de 2026.
Día 32 de 365, la aventura continúa… y nos lleva por los caminos de los amores y desamores.
Serie: HISTORIAS DE AMOR JAMÁS CONTADAS.
¿LOCURA POR AMOR?
El mes de febrero llega siempre con promesas, el calendario lo nombra el “mes del amor y la amistad”, pero la historia, esa que no se maquilla, sabe que también es tiempo de ausencias, de esperas interminables y de canciones que duelen.
¿Quién no ha cantado alguna vez aquella bella canción que dice” “y los muchachos del barrio le llamaban loca…” con Mocedades a dúo con Amaya, o ha sentido el nudo en la garganta al escuchar la tragedia del Muelle de San Blas?
Historias que parecen lejanas… hasta que uno descubre que también habitan en la memoria de nuestro pueblo.
Rosita es la protagonista de nuestra historia, con la que damos inicio a esta serie, desde muy pequeña quedó bajo el cuidado de su abuela, y con lo poco, que a veces es mucho cuando se ama, la abuela la envío al kínder, a la primaria, a la secundaria.
Durante años, una estampa cotidiana en Potrero fue verlas caminar juntas por las calles: la abuela firme, Rosita sonriente, como si el mundo aún fuera un lugar seguro.
Pero el amor, caprichoso y puntual, tocó un día a la puerta del corazón de Rosita, primero en silencio, a escondidas, como suelen empezar las historias que después nadie puede detener, antes de que el chisme volará y llegara a oídos de la abuela, el joven decidió hacer lo correcto: fue a pedir permiso para verla, al principio hubo un no; para la abuela, Rosita seguía siendo una niña, pero luego llegó el pensamiento que pesa más que cualquier negativa: “yo ya estoy vieja… pronto me llama el Señor a rendir cuentas; al menos habrá alguien que cuidará de mi Rosita”.
El tiempo siguió su marcha, el muchacho pidió la mano de la novia y fijaron fecha para la boda, sería sencilla, sin lujos, pero con lo esencial: el sagrado sacramento del matrimonio y la ilusión intacta.
Entonces, cuando todo parecía encaminarse, la mano oscura del destino se interpuso.
A pocos días de la boda, aquel joven salió, como todos los días, rumbo al trabajo, antes pasó a ver a Rosita: un beso, una despedida, un adiós dicho sin saberlo.
Se fue… y no volvió jamás.
Lo buscaron en hospitales, en la cárcel, en caminos y en diversos lugares, preguntaron a los compañeros de trabajo, quienes dijeron que les había preocupado su ausencia: nunca llegó ese día a trabajar.
El silencio fue la única respuesta.
Rosita comenzó a romperse por dentro, todos los días se le veía parada en la puerta de su casa, esperando, esperando como solo esperan quienes aman de verdad, con la esperanza aferrada a un milagro que nunca llega.
Con el tiempo, volvió la vieja estampa de la abuela y la nieta caminando juntas por el pueblo… pero ya no era la misma, Rosita ya no reía, su mirada estaba lejos, en un punto donde solo ella veía.
Luego vino la soledad definitiva: la abuela partió, cumpliendo aquel presagio que un día pronunció casi en susurro, Rosita quedó sola, ahora bajo el cuidado de los tíos, de los primos.
Desde entonces, su figura se volvió parte del paisaje triste del pueblo, a distintas horas se le veía recorrer la misma ruta: salía de su casa, caminaba por la calle principal, llegaba a la panadería, pasaba por el callejón, el súper, la avenida del ferrocarril, ahí preguntaba, Lupe ¿Cómo está mi madrina?, bien contestaba yo, aunque la madrina tenía algunos años que estaba en presencia del Señor, me la saludas y seguía su camino, cruzaba con cuidado la calle principal y caminaba por la banqueta o sobre la vía chiquita, donde alguna vez jugó brincando de durmiente en durmiente bajo la mirada amorosa de su abuela, pasaba los Arcos del mercado… y regresaba a casa.
Hoy ya no es fácil ver a Rosita, vive bajo el cuidado de sus tíos, la puerta permanece cerrada, apenas abierta por la hoja superior, por donde a veces se alcanza a ver su rostro, la misma mirada perdida, la misma espera,
Rosita sigue aguardando a aquel amor de su vida… ese que no regresará jamás.
Porque estas historias no están en los libros, pero viven en nuestras calles.
Porque el amor también deja cicatrices.
Y porque las historias de Potrero, de amor, de desamor y de silencios, merecen ser contadas.
Recopilador: Nazario Guadalupe Cebada Morales
Trending
- HISTORIAS DE AMOR JAMÁS CONTADAS: ¿LOCURA POR AMOR?
- Ayuntamiento de Veracruz elimina cobro ilegal por recolección de basura
- Edgar Herrera y Pepe Peña invitados de honor en Cabalgata de Soledad de Doblado
- Presunto robo de herramienta en la iglesia de Guadalupe, en la colonia Las Estaciones
- Marina se retiró de Acayucan por falta de apoyo municipal; la violencia estalla en los primeros días del nuevo gobierno
- Asalto armado tras retiro bancario deja herido a adulto mayor en Acayucan
- Pierde la vida elemento de la Guardia Nacional en accidente carretero en Tihuatlán
- AU choca contra coche y mata a pareja, además varios heridos



