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Jorge Salazar García. 25/01/2026
El 8 de diciembre de 2024, en este espacio se informó que a escasos 4 kilómetros de “La Mancha”, laguna ubicada en la zona central de la costa veracruzana (Municipio de Actopan) se había autorizado la instalación de una granja de producción industrial de pollos sin haber haber realizado una consulta transparente e informada a la población. Algunos lugareños, ante la posibilidad de que su humedal, incluido en los sitios Ramsar (febrero,2004) por su importancia internacional para la conservación de la biodiversidad y el bienestar humano, fuera afectado por la contaminación que ese tipo de granjas genera, organizaron el “Movimiento en Defensa de la Laguna” .
Lo primero que hicieron fue buscar información fiable que permitiera conocer la verdad sobre ese proyecto presentado como detonante de progreso y bienestar. Se enteraron que esas empresas, protegidas por tratados comerciales, (TLCAN), generalmente no cumplen con las leyes medioambientales, pues su único interés es obtener la máxima ganancia. Por ello eligen comunidades ricas en recursos naturales, agua principalmente; y, una vez lograda la autorización institucional, despliegan campañas de convencimiento ofreciendo empleos, centros sociales, mejoras de caminos, escuelas, etcétera.
De ese modo logran dividir a la población y hacer que una parte los apoye. Tal como ocurrió en Palmas de Abajo el 11 de noviembre 2024, donde la empresa Pilgrim, con presencia del representante de la granja, Manuel Rodríguez y autoridades municipales, algunos pobladores aprobaron el proyecto a mano alzada. Nadie se opuso o cuestionó ese proceso amañado de origen.
La respuesta de los heroicos miembros del movimiento, fue informar a los habitantes que criar miles de pollos requiere el uso intensivo de medicamentos, vacunas, hormonas, antibióticos y desinfectantes químicos; los cuales contaminarán los flujos de agua (El Coyolillo), la Laguna y el manto acuífero de la cuenca de Actopan, oficialmente en veda. De ese modo, los lugareños se enteraron que la empresa “Pilgrim”, presidida supuestamente por un “prestanombres” mexicano, construiría 11 galerones en un predio colindante al rancho el “Pequeñín”, junto al cual pasa un arroyo que atraviesa la carretera costera, desemboca en la laguna mencionada y finalmente en el mar.
Colusión de poderes.
Por supuesto; antes, la empresa, coludida con las autoridades, ya habían manipulado la fe de la gente bautizando el criadero de pollos como ¡Granja La Virgen de Guadalupe!, patrona del pueblo “Las Palmas”, cercano al lugar de construcción. Pensaron que con ese nombre, pocos creerían en quienes les alertaban sobre esa amenaza para el medio ambiente y su salud.
Después de múltiples reuniones, solicitudes de información y trámites burocráticos, los defensores del sitio consiguieron los datos “duros” que permitieron la suspensión oficial de las obras (2025). Las autoridades colocaron en la entrada el aviso de clausura. Este hecho dio esperanza a los pobladores de que esta vez las autoridades harían lo correcto y cumplirían aquella promesa del régimen de separar el poder político del económico sirviendo al gobernado sin priorizar a las corporaciones. Tan pronto bajaron la guardia, la empresa rompió los sellos y de manera acelerada construyó la mayoría de las galeras. Esta evidente violación a la legalidad fue notificada a las autoridades; nada pasó: dejaron continuar las obras. Gracias a que se sumaron más lugareños al movimiento, pudieron juntar recursos para solicitar, mediante un Amparo, la protección federal. El juez encargado se las concedió, pero a pesar de ello la empresa continuó en desacato (protegida por autoridades locales y federales), concluyó la obra física y, en estos momentos, ya está produciendo 320 mil pollos cada 5 semanas.
Del infierno al matadero.
Los habitantes de la región tienen el derecho de saber que producir tanto pollo en tan corto tiempo, demanda el uso intensivo de hormonas y fármacos para, por ejemplo, mantener despiertos a los pollos, coman constantemente y engorden lo suficiente para que en 40 días, viviendo un infierno de torturas, puedan ser vendidos atiborrados de químicos. En granjas similares, los pollos, saliendo del cascarón son tirados y arrastrados vivos dentro de contenedores donde muchos se asfixian y mueren triturados accidentalmente o aplastados intencionalmente con mazas si están enfermos o inservibles. Los no triturados por completo, luego de agonizar por días, paralizados por no poder alcanzar agua ni alimento, sufren hasta morir. Su corta existencia se resume en vivir un infierno de torturas antes de la muerte. La vida de los otros es similar: padecer masivos y constantes tratamiento de engorda industrial durante 5 semanas, sólo para llegar al matadero y ser vendidos después.

Agua en riesgo
Producir 320 mil aves requiere consumir (además de electricidad) millones de litros de agua para limpieza, consumo y desechar los pollos muertos. Esto, eventualmente traerá apagones eléctricos y contaminará la tierra, agua y aire del lugar. Sus técnicas, sin control ni vigilancia, fueron diseñadas para ahorrar gastos sin importar arrojar residuos tóxicos a los suministros de agua potable. Al respecto, la Dra. Miriam Lastiri Rito, probó en su tesis de doctorado que las granjas extraen más millones de metros cúbicos de agua de los autorizados y cita datos sobre la contaminación, enfermedades y migración que ese modelo de producción provoca en las comunidades cercanas a las granjas. Donde se instalan, generalmente, rompen el tejido social y, aliados a los funcionarios públicos, amenazan, persiguen y criminalizan a los defensores del territorio.
Sheibaum al rescate… de la empresa.
El 15 de enero pasado, la presidenta Sheinbaum, igual que lo hizo AMLO con la Nestlé y Granjas Carrols, re-empoderó a esa empresa agradeciéndole invertir 950 millones de dólares en Veracruz. Ese acto político demostró que “a estas alturas de la historia, es claro que no hubo, hay, ni habrá un gobierno que vea por el bien común” (texto tomado del último pronunciamiento del Movimiento en Defensa de la Laguna). Todo indica que permanece la colusión de intereses políticos y económicos en los tres niveles de gobierno, tan condenada en los neoliberales del PRIAN. Incluso, podría afirmarse que han perfeccionado las estrategias burocráticas para retardar, manipular y ocultar información y; sobre todo, garantizar impunidad a los funcionarios encargados de la instituciones. Esa élite gubernamental vive una esquizofrenia política: califican como derechistas a quienes resisten a las corporaciones criminales, y se asumen de izquierda sirviendo al poder económico.
Cuando una periodista le preguntó al presidente de Pilgrín cómo garantizaría que no habría contaminación, José Muñoz, contestó que instalarían lo necesario “para tener una producción responsable” sin afectar a las comunidades. Por lo menos en lo referente a la contaminación del aire, el señor miente descaradamente, pues en Palmas de Abajo, ídolos y Mozomboa (hay granjas) ya se quejan de olores fétidos. Lo mismo hace cuando se refiere a la creación de 14 empleos rurales: su instalación automatizada sólo ocupa 8 trabajadores. Desde luego, el empresario parecía feliz, no porque estaba “llevando beneficios muy importantes” al país, sino por el respaldo abierto de la presidenta.
Resistir o aceptar la fatalidad
Enfrentar a un enemigo poderoso, requiere de aquella unión basada en el respeto mutuo de las individualidades; tolerar las diferencias y reconocer lo valioso e importante que es el otro para la propia sobrevivencia. Comprender que la indiferencia ante el sufrimiento y muerte ajenos, nos disminuye como humanos.
Un argumento para justificar sus deshechos es utilizar los excrementos de las aves para producir “gallinaza”. El problema es que, al no existir vigilancia oficial ni ciudadana, ese fertilizante usado incorrectamente produce lixiviados y fosfatos que terminarán depositándose en el lagunar de la Mancha y finalmente en el mar. Consecuentemente, los fosfatos bloquean la luz solar sin la cual, plancton, plantas acuáticas y peces mueren. Los demás residuos no tratados, generan endotoxinas, bacterias, hongos y gases tóxicos que, tarde o temprano, alejarán al turismo del lugar llevando quiebras económicas y de salud a los habitantes. Y no pasará mucho tiempo para que se desparramen en la zona pestilencias, apagones, y enfermedades asociadas a la contaminación como la tos permanente, pérdida de cabello, irritación de ojos, sangrados nasales, problemas de la piel y uñas, etcétera. Finalmente, ese corredor migratorio de aves, considerado uno de los más grandes del mundo y toda la zona turística (Ramsar) pudieran desaparecer sin remedio.
De no hacer nada, como dijera Don Ascensión Sánchez (miembro del movimiento), vendrán “noches tan oscuras como aquellas en las que hasta los coyotes se pierden”.



