CRÓNICAS, RELATOS Y LEYENDAS DE ATOYAC, VER.
15 de enero de 2026.
Día 15 de 365, la aventura continúa.
Serie: UN DIA COMO HOY.
15 de enero de 1931.
PRIMERA HUELGA EN EL INGENIO EL POTRERO.
Hasta 1929, la relación con la Hacienda El Potrero y su propietaria, la señora Virginia Parnet, fue cordial, pero cuando la empresa fue vendida a la Compañía Manufacturera de Potrero, S. A., el clima comenzó a cambiar, la revisión del Contrato Colectivo de Trabajo para 1931 tensó la cuerda más de la cuenta y lo que antes se resolvía con palabras, ahora exigía organización, el desenlace era cuestión de tiempo.
En el Calendario Cívico Atoyaquense hay fechas que no se celebran con música, pero que siguen sonando, tercas, en la conciencia colectiva.
La primera huelga celebrada en el Ingenio El Potrero es una de ellas, desde el mes de octubre de 1930, las pláticas entre la Compañía Manufacturera de Potrero, S. A. y el Sindicato de Obreros, Artesanos y Empleados Progresistas del Ingenio El Potrero por la revisión del Contrato Colectivo de trabajo avanzaban con la lentitud de quien no quiere llegar a ningún sitio, de un lado, la patronal; del otro, los trabajadores, encabezados por Fernando Cueto, secretario general; Benjamín Ávila, integrante de la comisión de huelga, asesorados por José Jiménez Acevedo y Vidal Muñoz Díaz, representantes de la Federación Nacional Azucarera.
La revisión del Contrato Colectivo de Trabajo era el motivo visible; la dignidad obrera, el fondo verdadero.
La asamblea decisiva se celebró en el Cine Potrero, los obreros habían sido convocados a Asamblea Extraordinaria, el Cine Potrero, ese espacio donde se proyectaban las películas del momento, Charles Chaplin o Douglas Fairbanks líderes indiscutibles del cine mudo, y esa tarde, se proyectó, sin saberlo, una página fundamental de la historia laboral de México, ahí, los obreros, a una sola voz y al “levantón” de mano tomaron el acuerdo de colocar las banderas al Ingenio El Potrero si no aceptaba el “Pliego de peticiones”,
Las pláticas empiezan, los obreros piden se cumpla su pliego petitorio, la empresa acepta algunos puntos, el Comité Ejecutivo defiende su postura, beneficio para la clase obrera, al no llegar a un arreglo posible; porque cuando una de las partes no quiere escuchar, cualquier mesa se vuelve muda, a petición de la patronal las pláticas se trasladaron a la Secretaría del Trabajo en la ciudad de Xalapa, quedando como árbitro el Lic. Apolinar Espino, jefe del Departamento de Trabajo del Estado, la negativa patronal de aceptar y resolver el pliego de peticiones fue un contundente “NO”.

Y entonces ocurrió lo inevitable.
A las 00:00 horas del 15 de enero de 1931, los obreros del sindicato, en base al acuerdo tomado en la asamblea previa, colocaron banderas rojinegras en puertas, portones y puntos de acceso del ingenio y de sus anexas, Potrero Viejo y La Concha, con ese acto silencioso y contundente, quedaba declarada la primera huelga en un ingenio azucarero, no solo de la región, sino de la industria azucarera nacional.
No fue el final, sino el inicio de otra batalla.
Rotas definitivamente las negociaciones en la ciudad de Xalapa, la comisión de huelga, encabezada por don Benjamín Ávila Vega, se trasladaron a la Ciudad de México, ahí encontraron el respaldo decisivo del Lic. Vicente Lombardo Toledano, líder de la CROM, quien, reconociendo el trabajo de Jiménez Acevedo y Vidal Muñoz, apoyó jurídicamente la causa.
El resultado fue histórico: se ganó el amparo que declaró legalmente constituido el derecho de huelga, y se logró la satisfacción total del pliego de peticiones, en beneficio de los trabajadores del Potrero.
El 30 de enero de 1931 se dio por terminada la huelga y se reiniciaron los trabajos de zafra.
El ingenio volvió a moler caña, las calderas retomaron su resuello y la chimenea lanzó otra vez su humo cotidiano, pero la relación entre capital y trabajo ya no era la misma y todo eso, gracias a la visión del Comité y la comision de huelga, que tomaron el acuerdo de que el ingenio contara con personal de guardia en algunos departamentos, una vez colocadas las banderas de huelga.
Porque aquella huelga no fue un simple conflicto laboral ni un desacuerdo pasajero: fue la irrupción organizada de los trabajadores en un terreno que hasta entonces había sido exclusivo de la patronal.
En Potrero, el obrero dejó de ser pieza y empezó a asumirse como sujeto político, el Contrato Colectivo dejó de ser una concesión graciosa y se convirtió en un derecho conquistado.
Desde ese enero de 1931 quedó claro que el Estado podía arbitrar, los empresarios negociar y los líderes firmar, pero que sin la voluntad organizada de los trabajadores no había zafra, no había azúcar y no había paz social.
La huelga del Potrero se inscribió así en el largo proceso de construcción del sindicalismo mexicano: no como un favor recibido, sino como una victoria arrancada.
Y en ese gesto, colocar una bandera rojinegra a medianoche, quedó escrita una lección que sigue vigente:
LA HUELGA NO SE CONCEDE, SE EJERCE.
Recopilador: Nazario Guadalupe Cebada Morales



