CRÓNICAS, RELATOS Y LEYENDAS DE ATOYAC, VER.
8 de enero de 2026
Serie: UN DÍA COMO HOY.
8 de enero de 1937
SE CONSTITUYE LEGALMENTE EL SINDICATO NACIONAL AZUCARERO
Hay fechas que no hacen ruido, pero cimbran.
Hay días que no llegan con estruendo, pero cambian el rumbo de la historia.
El 8 de enero de 1937 es uno de esos días.
Para entonces, la historia sindical del ramo azucarero ya llevaba años de andarse escribiendo a golpe de esfuerzo, de jornadas largas, de manos curtidas por la caña y de voluntades templadas en el calor del ingenio. Desde la década de 1920, en distintos puntos del país, los trabajadores comenzaron a organizarse, cada quien desde su propia trinchera, desde su necesidad.
En El Potrero, aquel 24 de noviembre, se conformó el Sindicato de Obreros y Artesanos Progresistas, teniendo como primer Secretario General a don Irineo Neri, nombre que aún hoy resuena en la memoria colectiva del ingenio. Pero no estaban solos. San Juan Sugar, hoy Ingenio Cuautotolapan, presume con razón, ser también cuna del primer sindicalismo azucarero. No era competencia; era historia ocurriendo al mismo tiempo en distintos rincones del país.
Pronto se sumaron Los Mochis, San Miguelito y otros ingenios más. Cada sindicato defendía a los suyos con valentía, pero también con límites. Aquella defensa local, férrea y digna, hacía casi imposible la movilidad obrera entre ingenios. Fue entonces cuando la necesidad de unidad empezó a abrirse paso.
Así nació la Federación de Sindicatos de Atoyac, luego la Federación Estatal de Obreros Azucareros, y más adelante, bajo la dirección de José Jiménez Acevedo, la Federación Nacional de Trabajadores de la Industria Azucarera, cobijada por la CROM, que en aquellos años era columna vertebral del sindicalismo nacional.
Pero la historia no se detiene.
En febrero de 1936, la creación de la CTM marcó un parteaguas. Algunos sindicatos decidieron adherirse a la nueva central; otros, como Calipam, Puebla, permanecieron fieles a la CROM. La división no era menor. El futuro del movimiento azucarero estaba en juego.
Por ello, en noviembre de 1936, se convocó a todos los sindicatos azucareros del país a celebrar un congreso azucarero convocado por la Federación.
Había que definir el rumbo, decidir si seguir fragmentados o dar el paso histórico hacia la unidad nacional.
El 14 de noviembre, último día del Congreso, se tomó una decisión que cambiaría para siempre la organización obrera del azúcar en México: disolver la Federación y constituir un Sindicato Nacional Azucarero.
Ahí, en medio de debates, acuerdos y la conciencia clara de lo que estaba en juego, se sembró la semilla de lo que hoy conocemos como el Sindicato de Trabajadores de la Industria Azucarera y Similares de la República Mexicana.
Una de las actividades principales dentro del Congreso fue la asignación de número de Sección a los Sindicatos y delegaciones participantes, correspondiendo la Seccion 1, Ingenio Guadalupe, Jal., Sección 2, Ingenio Ameca, Jal., Sección 3, Ingenio Bellavista…, Sección 23, Ingenio El Potrero, hasta completar todas las secciones participantes.
El reconocimiento oficial llegó poco después.
El 7 de enero de 1937, la Secretaría del Trabajo otorgó el registro número 1313 al nuevo sindicato. Ese acto administrativo, aparentemente frío, fue en realidad el acta de nacimiento del Sindicato Nacional Azucarero, y con él, el reconocimiento pleno de todas las secciones constituyentes.
Desde entonces, esa fecha marca el inicio formal de una historia común. Da validez oficial al primer Comité Ejecutivo Nacional, encabezado por Alejandro Peña, líder del extinto Sindicato de Los Mochis, acompañado en la Secretaría de Estadística por Alfonso Vidals, orgullosamente miembro del extinto Sindicato de El Potrero.
Hoy, a 89 años de aquel momento, conmemoramos no solo una fecha, sino una decisión colectiva: la de entender que la fuerza del obrero azucarero está en la unidad, en la memoria compartida y en la organización que trasciende generaciones.
Porque la historia del sindicato no se cuenta solo en actas y registros, se cuenta en los surcos, en los bateyes, en el vapor del ingenio y en la dignidad de quienes hicieron del trabajo una causa común.
Recopilador:
Nazario Guadalupe Cebada Morales
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