CRÓNICAS, RELATOS Y LEYENDAS DE ATOYAC, VER.
7 de enero de 2026.
Dia 7 de 365, La aventura continúa.
Serie: UN DIA COMO HOY
7 de enero de 1908.
UN SUSURRO FRANCÉS A ORILLAS DEL RIO ATOYAC, EL FERROCARRIL D’CAUVILLE.
Si hoy caminamos por las orillas del río Atoyac, cerca del nacimiento de Ojo de Agua Grande, el eco del agua parece arrastrar un sonido metálico que ya no existe: el rítmico traqueteo de una pequeña joya de la ingeniería francesa. Antes de que las grandes locomotoras diésel dominaran el paisaje, existió un “trenecito” que fue el verdadero precursor del progreso en nuestras tierras: el sistema Decauville
Corría la década de 1890. Mientras el mundo se maravillaba con la Torre Eiffel, en la Hacienda de Ojo de Agua Grande, la Compañía Agrícola Francesa traía una novedad que cambiaría el destino de la región. No eran las grandes vías de los Ferrocarriles Nacionales, sino un sistema ingenioso de vía estrecha de 400 milímetros. Eran rieles ligeros, casi de juguete a la vista, pero con la fuerza suficiente para cargar el alma de nuestra tierra.
El camino de la panela y la fruta.
Aquel “D’Cauville” no nació para la caña de azúcar del ingenio, sino para los frutos de la tierra que entonces reinaban. Desde el nacimiento de Ojo de Agua, cruzando el imponente Puente de Fierro, la pequeña máquina arrastraba góndolas cargadas de panela y frutas de temporada.
Era un espectáculo verla pasar por La Ceiba ( hoy Playa Azul), seguir hacia Ojo Chico y serpentear por los campos de San Antonio ( hoy California). En aquel entonces, el silbato no era un estruendo, sino un silbido agudo que avisaba a los trabajadores de las haciendas que el producto estaba listo para salir hacia los mercados del mundo.
La ingeniería que se adaptó al monte.
Lo que hacía especial al tren de “Caoville” era su versatilidad. Inventado por Paul Decauville en Francia, este sistema permitía montar y desmontar vías con facilidad. Era, literalmente, un ferrocarril que “iba a donde la tierra lo llamaba”.








Cuando la Mexicana Nacional Sugar Refining Co. adquirió la Hacienda El Potrero en 1905, entendieron que el sistema francés era la base perfecta y adquieren los derechos, extienden la vías hasta conectarlo con la factoría, logrando con esto, ampliar la red hasta Potrero Viejo, Corral de Piedra, la Pesca y la Esmeralda.
Todo está listo para que el 8 de enero de 1908, cuando el Ingenio El Potrero comience su molienda, las tres pequeñas máquinas D’Caoville” —la 1, la 2 y la 3- seran las que carguen los primeros sueños de lo que hoy es uno de los ingenios más grandes del país.
Desde temprano, del Ingenio han salido los caballitos de acero hacia los campos cañeros para dejar un tándem de góndolas que serán cargadas con caña de azúcar, por las grúas accionadas por winches que una mula, caminando en círculos las hacían subir, bajar y hasta girar.
El “D’Caoville” no solo transportó carga; transportó la modernidad a “Salsipuedes”. Fue el puente entre la era de las mulas y la era industrial.
Hoy, aunque los rieles se hayan oxidado o hayan sido devorados por la selva, la historia de Atoyac no se entiende sin ese pequeño gigante francés que enseñó a nuestra gente que el progreso también viaja sobre rieles.
Recopilador: Nazario Guadalupe Cebada Morales.



