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Ernesto Martínez Elorriaga, corresponsal / La Jornada

Morelia, Mich. La violencia en Michoacán ha dejado unos 70 menores fallecidos y al menos 150 huérfanos en lo que va del año, según la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim) y la Secretaría de Igualdad Sustantiva y Desarrollo de las Mujeres Michoacanas (Seimujer), respectivamente.

Los homicidios dolosos han ido en ascenso en las últimas dos décadas. En este 2021 suman al menos 2 mil 300 asesinatos, de los cuales unas 230 mujeres han sido las víctimas; a decir de la Fiscalía del estado se debe a que por alguna razón las personas de sexo femenino se han involucrado con la delincuencia organizada, principalmente con el narcomenudeo.

Tan solo en noviembre, ocho menores de edad fueron asesinados, entre ellos, seis menores de 18 años en las inmediaciones de la comunidad de Tarecuato, municipio de Tangamandapio, cuando recolectaban miel para la ceremonia de día de muertos, junto con otros cinco cortadores de aguacate fueron ultimados por un grupo del crimen organizado que había instalado un campamento de seguridad en esa zona de la sierra.

El 3 de ese mismo mes, un niño de 11 años fue ultimado con arma punzo cortante en la comunidad purépecha de San Lorenzo, municipio de Uruapan. Michoacán ocupa el tercer lugar en cuanto asesinatos de menores, después de la ciudad México y de Guanajuato.

De los homicidios de niños, 58 fueron menores de edad de sexo masculino y 12 de sexo femenino. Cabe señalar que 58 de estos infanticidios fueron causados por armas de fuego.

El 60 por ciento de las víctimas de homicidio eran madres al menos de un menor de edad, y en la mayoría de los casos los agresores fueron las parejas de las mujeres ultimadas.

La directora de Humanas Sin Violencia, A.C., Circe López declaró que el Estado no ha podido valorar el impacto del asesinato de una mujer en la sociedad, pues la víctima deja a sus hijos desprotegidos y en situación de vulnerabilidad, además no se les da seguimiento a los casos y en algunos, los menores se quedan con la familia de la parte agresora.

López señaló que los servicios para Desarrollo Integral de la Familia (DIF) únicamente ven a los menores como grupos asistenciales, no hay temporalidad sobre los apoyos y falta mucho trabajo profesional, así que la mayoría de los niños son atendidos por la familia materna, en condiciones totalmente desfavorables para alguien que perdió a su madre y que muchas veces presenció la agresión.