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Por: Héctor Ramírez Cuéllar / El Machete

Las pasadas sesiones de la Cámara de Diputados en las cuales se aprobaron las leyes de ingresos y de egresos de la Federación constituyen un episodio, verdaderamente vergonzoso, de la excesiva concentración del poder político en manos del Presidente de la República, ya que los citados proyectos se aceptaron tal y como se presentaron originalmente, incluso desde el punto de vista gramatical, pues esto no había sucedido desde por lo menos hace 30 años en cuyo periodo el PRI ya había perdido la mayoría parlamentaria. Se trata de un retroceso político de grandes dimensiones que debería preocupar profundamente a todas las fuerzas políticas democráticas y progresistas pues sin duda se consolida el proyecto político que se propone la cancelación de la división de poderes, que señala la Constitución de 1917.

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Los diputados de Morena, que tienen la mayoría en esa legislatura se comportaron como vasallos incondicionales del Presidente y no como representantes políticos de la nación y no admitieron ninguna rectificación, ningún ajuste, ningún cambio, así fuera simple e intrascendente, lo que hace pensar que la existencia de la Cámara de Diputados es inútil pues bastaría que en una Oficina de Palacio Nacional se redactaron estas iniciativas, los diputados se presentaran a votar por medio del internet por el sí o por el no, en cuyo caso el recinto de San Lázaro ya no tiene razón de existir, ni ese órgano legislativo en su conjunto, pues solo una persona representa a toda la nación mexicana y encarna a la voluntad general, como decía Rousseau.

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